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Capítulo XIV: Visita inesperada.

Nahuel apareció de la mano de Sayen y se quedó quieto. Ellos eran la nueva pareja, mi amigo Nahuel tenía novia, ya no iba a prestarme tanta atención. Sullivan me había malinterpretado y ahora estaba enfadado, ya no me hablaría jamás. Y Jacob seguía ahí parado, había venido hasta aquí porque yo le echaba de menos y no era capaz de mover un solo músculo para abrazarle o saludarle… nada. Darlene salía por la puerta y ahí tuve mi solución. Me aferré a ella, la abracé. Se quedó quieta por un instante, imagino que confundida pero me abrazó.
-Nessie, ¿qué pasa? –me abrazaba y me acariciaba el pelo.
-Ness… ¿qué pasa? –Nahuel me besaba el pelo. De fondo oí un gruñido de Jacob, sentía su olor más cercano, me mareaba, sentía que no podía controlarme-. ¡Ness! ¡Ness!
Abrí los ojos en la enfermería del instituto. Darlene me sonrió, Nahuel estaba muy preocupado.
-¡Qué pena que te hayas desmayado! Te has perdido a un tío bien macizo… -dijo Meg riendo-.
-¿Qué ha pasado? –Preguntó Darlene con su sonrisa-.
Le conté toda la historia, ella había sido mi refugio, bien merecía una explicación. Le conté que aquel chico era Jacob.
-¿Chico? A mi me parece más bien un hombretón bien tremendo… -¡Meg y sus hormonas! Suspiré-. Creo que seguía en la puerta, los profesores no le han dejado pasar.
-Creo que deberías calmarte antes de salir –dijo Nahuel mientras me sujetaba cuando intentaba levantarme-. Estaba muy asustado, he hablado con él y he tenido que calmarlo, pensaba que había sido culpa de Sullivan… que te había hecho algo.
-¿Calmarlo?
-Ness… -me miró fijamente-. Estaba temblando -Sabía que significaba eso. Iba a entrar en fase. Me preocupé aún más, no podía calmarme después de lo que Nahuel me acababa de decir-. Cálmate, o le diré que se largue.
-¡No! –casi chillé, asustando a Dar y a Meg-. Necesito verle.
Salí corriendo de la enfermería zafándome de la jaula que habían creado los brazos de Nahuel. En la puerta de la enfermería estaban todos los demás, Kevin, Ryan, Sullivan… incluso Sayen. Hice un gesto, mostrando que estaba bien y sonreí. Debieron de pensar que estaba loca cuando volví a salir corriendo. Recorrí el pasillo ahora ya vacío en dirección a la salida. Seguía ahí, pero esta vez no me paré, seguí corriendo y me lancé encima de él. Me agarré a su cuerpo con brazos y piernas, el suspiró en mi pelo y me abrazó.
-Lo siento, Nessie, en serio. Siento haber venido así, siento no haberte llamado, no sé ya qué hacer contigo. Intento hacer lo posible por hacerte feliz, pero siempre acabo cagándola. Lo siento pequeña… en serio.
-¡Cállate, perro! ¡Cállate y abrázame fuerte! –dije con emoción en la voz. Él lo percibió y sentí como se reía, su cuerpo temblaba ligeramente por su risa. Eso me lo recordó-. ¿Qué demonios te ha pasado? ¿Aún no sabes controlarte bien? –me miró muy confundido-. No creo que entrar en fase en plena puerta del instituto con todos los estudiantes presentes sea una gran idea…
-Ya, bueno… -me sonrió-. Creí que ese chico te había hecho algo, me entraron ganas de arrancarle la cabeza –dijo mientras me ayudaba a bajar al suelo-. Lo siento.
-¡Deja de decir lo siento!
-Vale, vale… lo… -le miré mal y se empezó a reír-. No puedo evitarlo… -sin previo aviso me cogió en el aire y giró sobre nuestro eje un par de veces-. ¿Estás bien? Me tenías muy preocupado.
-Mejor no me des muchas vueltas por si acaso… -los dos comenzamos a reír-. No hacía falta que vinieras… en serio. Seguro que tienes mucho trabajo ahora.
-Bueno, no importa, necesitaba también un respiro y ansiaba verte, pequeña… Seth se ha quedado allí al mando… se me ha hecho raro que Leah no pataleara… -dijo mientras se reía-.
-¿No se ha enfadado?
-No, le ha parecido hasta bien. Ella quiere estar más tiempo con… sus cosas. Seth quiere salir de ese ambiente de amor que se ha generado en su casa, así que todo está bien.
-¡Vaya! Creo que tienes mucho que contarme…
-Cierto, al igual que tú… pero creo que ahora deberíamos ir a casa, tu tía Alice te espera.
Me giré para ver como tía Alice estaba bajando la escalera en nuestra dirección con los brazos cruzados y gesto serio.
-Jovencita, creo que deberías ir a casa… Nahuel se ha marchado a llevar a Sayen a casa… así que tienes que venir conmigo… ya hablaréis luego… ¡andando!
Cuando llegamos a casa bajé corriendo del coche para tomar del brazo a Jake, que nos había seguido con la moto. Mamá le abrazó fuerte y papá le mostró una gran sonrisa mientras me revolvía el pelo.

Pasamos un fin de semana genial, nos pusimos al día en todo. Me contó que había puesto un taller entre la reserva y Forks, ya que era la mejor situación que podían encontrar. Se había asociado con Seth, Embry y Quil para poder hacerlo bien. Rachel y Paul ya estaban viviendo juntos, mientras Rachel se volvía loca con los vestidos de novia y porque Rebeca no iba a llegar hasta un par de días antes.

También me contó como había oído desde su cuarto como mi abuelo le contaba emocionado a Billy cada detalle de las citas con Sue. Estaban realmente bien, muy felices y Seth estaba contento por su madre. Incluso Leah les había dado su bendición. Claire estaba cada vez más grande, al igual que Ephraim. Me dio una carta que Claire me había escrito, contándome lo mucho que me echaba de menos y que le encantaría que lleváramos el mismo vestido a la boda, como damas de honor, con Kim. Le escribí otra que entregué a Jake para que se la diera, poniéndole que le pediría a Rose y a Alice que los hicieran.
El sábado fue un día genial. Fuimos a dar una vuelta por el centro comercial, viendo las tiendas de videojuegos y compramos una película para verla por la noche. También estuve oyendo unos cd’s que había en la tienda, mientras Jake se reía de cómo cantaba una canción que me encantaba, Wonderful World de James Morrison.
Cuando me empezó a entrar hambre le propuse ir de caza y le encantó la idea. Papá le dejó el volvo, porque no quería que me llevara en la moto, así que le propuse ir al lago donde habíamos ido de acampada. Cazamos por un par de horas, hasta que decidí que sería mejor descansar un poco. Me senté en la misma roca que la última vez, pero esta vez no fulminaba el horizonte.
-Preciosas vistas, la puesta de sol debe ser genial…
-Lo es… ¿podemos quedarnos?
-No sé… deberíamos avisar… no creo que a tus padres les haga mucha gracia que te tenga por ahí hasta tan tarde…
-No es la primera vez que no duermo en casa…
-Has dicho ver la puesta de sol –dijo levantando una ceja y yo me reí-. ¿Acaso quieres quedarte a dormir al raso?
-No… pero estaría bien… -dije riendo-. Me gustaría ver la cara de papá si le digo que nos quedamos a dormir aquí –dije sacando el móvil y Jake me lo quitó-. ¿Pero qué…?
-Ni se te ocurra… me mataría.
Yo me empecé a reír y le intenté quitar el móvil. Se levantó y puso el móvil en alto, con esa estatura no llegaría más que trepando, así que le hice cosquillas, pero ni siquiera se inmutó, solo se alejó un par de pasos. Guardo el móvil en el bolsillo trasero de sus vaqueros y me miró amenazante…
-¿A eso jugamos? –dijo mientras cambiaba a una cara muy cómica mientras yo me reía. Entonces se abalanzó y me empezó a hacer cosquillas, sabiendo que sólo tenía cosquillas en la cintura-. ¡Toma esa! ¿Qué? ¿Te rindes?
-¡Sí! ¡Para, para Jake! –dije riendo mientras él me soltaba. Aún híper ventilando, pude quitarle el móvil y salí corriendo mientras me perseguía-. ¡Soy más rápida que tú!
-¡Ahora verás! –Jake entro en fase y empezó a aullar, se le veía muy feliz, pero entonces me paré de golpe y él me lamió toda la cara. Yo empecé a reír mirando en el sitio en el que había entrado en fase-.
-¡Genial Jake! ¡Seguro que ahora papá si que te mata…!
Sus ropas estaban hechas trizas en el suelo, mientras yo me reía, él resoplaba y rodaba los ojos.
-¡Yo no tengo la culpa! –dije aún riendo-. ¡Aprende a controlarte mejor! –No podía parar. Cuando me calmé un poco pensé qué podíamos hacer…- Lo único que se me ocurre es que vayamos a ver si en el coche hay algo para que puedas taparte…
El lobo resignado rodó los ojos y se dirigió hacia el coche.
-Ahora si que papá te matará –intentaba aguantarme la risa pero no podía. El lobo se paró y me miró rabioso. Se acercó y me lamió toda la cara de nuevo-. ¡No seas cerdo Jake! –El lobo ahora parecía más contento por haberme mojado to
da la cara-. ¡Ojala no haya nada en el coche y tengas que ir andando! –me miró muy sorprendido, conocía esa miraba, era cuando decía alguna incoherencia. Entonces lo pensé mejor… mejor que hubiera algo porque si no tendríamos que ir los dos andando…-.
Cuando llegamos al coche solo encontramos una mantita que llevaban mis padres en el coche para cuando me tenían que tapar en el viaje y una chaqueta, pero dudo que a Jake le sirviera una chaqueta de una niña de diez años, ahora no me cabía ni a mi…
Le acerqué al lobo la manta y él volvió a rodar los ojos, muy cómico. Cuando volvió tenía la manta atada a la cintura y el torso descubierto, no podía parar de reír, pero la verdad es que me sorprendió ver su torso al desnudo de nuevo. ¿Estaba más grande? Era imposible…
-Date prisa, no quiero que te enfríes… -dije mientras no paraba de reír, pero dejé de reír porque realmente parecía furioso-. ¿Qué pasa?
-¡Nada! –medio chilló-.
-Jake… lo siento, en serio… yo no quería que te enfadaras…
-No es por eso… -me cortó y resopló-. Eran mis únicos pantalones… -me empecé a reír muchísimo, casi me ahogo de la risa, no podía parar-.
El camino se hizo corto, entre que me reía y Jake resoplaba… al final acabó riéndose también pero paramos de reír cuando llegamos a casa de mis padres. Le expliqué a papá todo mentalmente mientras lo veía salir enfurecido junto con mamá. Estaban muy serios, mamá parecía ofendida, pero papá se empezó a reír, imagino porque estaba pensando en que Emmett le tendría que dejar unos pantalones. Jake se bajó del coche dando un portazo enfadado, mientras papá y yo reíamos sin poder parar y mamá le fulminaba con la mirada.
Mamá decidió ir a comprar ropa para Jake mientras él se daba una ducha, no quería darle motivos a Rose para reírse más de él… Vino con un pijama y un par de vaqueros y camisetas.
-¡Jake! ¿Puedo entrar? –Dije cargando con su ropa-. ¿No seguirás enfadado? –Nadie contestaba-. Jake, voy a entrar a dejarte tu ropa, ¿vale? –entré y la luz del baño estaba encendida, la puerta estaba entreabierta y salía vapor de agua. Se estaba duchando. Dejé la ropa sobre la cama y me marché. El vapor de agua me hizo querer un baño de espuma…
Cogí el pijama, ya que no íbamos a salir de casa. En el armario había un par de bolsas con una nota. De parte de la tía que más te quiere… Alice. Era un pijama precioso, rosa palo con mariposas superpuestas en color rosa fucsia, amarillo, naranja, rojo, un collage muy bonito. La camiseta era de tirantes, a rayas de los mismos tonos. Me encantó. En la otra bolsa había un conjunto de ropa interior en naranja y rosa claro. Me alegré al saber que mi tía había escogido los colores que más me agradarían.
Bajé corriendo al baño y llené la bañera con agua caliente y espuma, me sumergí del todo, mirando cómo mi pelo se alisaba dentro del agua. Oí cómo Jake llamaba a la puerta.
-¿Nessie?
-¡Dime! –Pude notar la vergüenza en su voz desde el otro lado de la puerta-.
-Voy abajo a cenar, ¿quieres algo?
-Bueno, no tengo mucha hambre, pero podías hacer palomitas para ver la película.
-¿Vas a cenar palomitas? –Hizo un ruido raro entre soplido y gruñido, sonó algo así como “airgns”-. Está bien… te espero abajo…
Eso me hizo sentir ansiosa. Vacié la bañera y dejé que el agua caliente aclarase los restos de jabón. Me sequé rápidamente con la toalla y me vestí. Me miré en el espejo del tocador de tía Alice… no sé cómo explicar lo que sentí. El pantalón del pijama se quedaba en mi cadera, la camiseta en mi cintura. Nunca había enseñado la tripa con ninguna ropa, pero me veía bien. La camiseta era ligeramente ajustada, así que mis pechos se notaban más que con la ropa normal. La chica del espejo hizo una mueca extraña y sonreía, parecía que le gustaba lo que veía. Me quité la toalla de la cabeza y peiné mi cabello. Sería mitad vampiro, pero eso no hacía que mi pelo cediese fácil ante el peine… eso era tarea de mamá. Bajé al salón y le dí el peine a mamá que me sonreía. Papá me miró con los ojos salidos de las cuencas.
-¿Qué es eso? –dijo señalando mi tripa ¿o mi pijama? No sé…- ¿De dónde lo has sacado?
-Edward, deja a la niña… -mi madre intervino mirando con una ceja alzada-. Dale las gracias a tu hermanita…
-Mataré a Alice… -me pareció escuchar en su siseo-.
Me senté a los pies del sofá para que mamá me peinara. Mi pelo ya me llegaba por la cintura y había que peinarlo durante mucho tiempo, algo que me desesperaba. Pero al resto de las mujeres de mi familia les encantaba. Incluso alguna vez mis abuelos o mis tíos lo había hecho, y mi padre cuando mamá no estaba. Creo que el único que nunca me había peinado era Jake.
-Deberías secarte el pelo… Tú si que te vas a enfriar –dí un respingo, porque mientras decía eso me tocaba con el dedo índice en la cintura-. ¿Tan vaga eres que te tiene que peinar Bella?
-¡Jake! ¡Edward! –Mamá interrumpió sus risas-.
-No es eso… pero tengo mucho enredones, y odio peinarme yo, acabo arrancándome la mitad del pelo –Jake empezó a reírse aún más-. A mí no me hace gracia…
-Anda, trae –dijo quitándole el peine a mamá-. Bella va a tardar siglos y quiero ver la película antes de ser viejo… -estuvo peinándome más rápido que mamá, pero igual de delicado-. ¿Ves Bells? No hace falta hacerlo tan despacio…
-¿Te trae recuerdos de tus años de joven rebelde? –La frase de mamá hizo que no riéramos todos-.
-Anda, ve a secarte el pelo…
Me sentí muy a gusto mientras Jake me había peinado, así que intenté alisar mi pelo… fue un desastre. Se quedó con mucho volumen, demasiado. Parecía una chica de las series de los ochenta. Jake apareció por la puerta y se empezó a reír. Se acercó a mí y cogió un peine. Comenzó a pasarlo delicadamente por mi pelo mientras me sonreía en el espejo.
-¿Ahora lo quieres liso? Creía que te encantaban tus rizos…
-Y me encantan, pero… quería verme distinta… -la verdad es que lo que quería conseguir alisándome el pelo era esto, que él siguiera peinándolo-.
-Distinta estás –dijo riendo. No sé porqué pero eso me molesto muchísimo y casi me enfadé-. ¡Eh! No te enfades… ¡picota! –Me miró raro-. En serio, aún con este peinado tipos ochenta estás guapa…
-¿Es un chiste? –Dije mirando su sonrisa, más bien fulminándola, aunque eso hizo que su sonrisa creciera dejándome pasmada-. Yo no le veo la gracia…
-No es un chiste, es un cumplido. Estás guapa, en serio.
-Gracias… creo –no pude evitar ruborizarme, lo que hizo que él se pusiera serio y mirara fijamente mi reflejo-. Deberíamos bajar si queremos ver la película este siglo, ¿no?
-Si… -dijo mientras reía suavemente-. No vaya a ser que me haga viejo mientras te peino… -eso me sonó bien, él estaba dejando el cepillo en el tocador pero lo intercepté y puse cara de cordero degollado-. Está bien… vamos.
Cogió el cepillo y bajamos al sofá, me cepillo el pelo durante toda la película. Cuando terminó me fui directa a la cama, me había entrado sueño con tanta calma que me producía que me peinara.
El domingo amanecí con pelos de loca, así que me hice una cola de caballo. Me sentía cómoda en pijama, así que baje tal cual a desayunar. Jake ya estaba empezando.
-¿Por qué parece que ayer metieras los dedos en un enchufe? –dijo mientras comía un bocado de tortita y se reía. Mi madre le dio una colleja y entonces reí yo-. ¡Eh! Sólo era una broma…
-Ya… claro Jake… yo también te quiero… -oí como se forzaba a tragar su bocado y mi padre reía-. Buenos días a todos, por cierto…
-Buenos días cariño –mi padre me besó el pelo mientras mi madre me daba el plato con el desayuno-. Te han llamado tus amigos, han dicho que iban a ir al parque de al lado del instituto a pasar el día. Te han llamado un par de veces al móvil también… Deberías ir.
Fui a la entrada y saqué el móvil de la cartera, tenía tres mensajes.
‘Vamos a ir todos a comer al parque mañana, ¿Te apuntas? Meg.’
‘Ness, ¿qué tal te encuentras hoy? Vamos a ir a comer al parque mañana, vendrás ¿verdad? ¡Dime que sí! Dar.’
‘Te he llamado a casa y me han dicho que dormías… estaba preocupada porque ayer no contestaste, ¿aún tienes visita? Podéis pasaros si queréis, estaremos en el parque, el que está cerca del instituto. Llámame cuando despiertes. Besos. Dar.’

-Jake, ¿te apetece que vayamos a comer al parque con mis amigas? No creo que les importe que lleve invitado…
-Claro…

-Deberías disculparte con Sullivan –dijo mi padre-. Creo que fuiste poco cortés con él el primer día… -Jacob gruñó bajito pero asintió.
-Entonces… ¿vamos? –pregunté emocionada-.
-Desayuna rápido, yo iré a cambiarme…
Jake ya había terminado de desayunar, no comía, más bien engullía… Terminé mi desayuno y me fui a vestir. Me puse unas mallas negras, la falda vaquera y un jersey blanco de cuello alto, con los botines gris marengo que me había regalado tía Rose. Bajé corriendo y Jacob ya me esperaba al final de las escaleras. Me miró atónito y luego sonrió.
-Estás muy guapa, incluso con ese pelo…
-¡Ya vale! ¡Deja mi pelo tranquilo! –suspiré, a veces me chinchaba como un niño de tres años. Pero me resultaba tierno…-. ¿Listo para conocer a mis amigos?
-¡Vamos!

Cuando llegamos al parque estaban los seis allí… ¿los seis? Kevin, Darlene, Ryan, Meg, Sullivan… ¿Quién era aquella chica rubia?
Darlene se levantó del césped y vino corriendo a mí. El resto se volvieron y saludaron, Sullivan fulminó con la mirada a Jake… Entonces pude ver aquel rostro, aquella chica. Era preciosa.

Capítulo X: Sueños y deseos.

En el sueño se coló un olor, mi olor favorito. Para el resto era muy desagradable, siempre me decían que les picaba la nariz. A mi me producía un cosquilleo, pero no era para nada desagradable, todo lo contrario. Era tan vívido que soñé que estaba abrazada a él. El olor cada vez se hacía más intenso. Noté como mis padres se levantaban, ya no hacía frío. ¿Ya sería de día? Me daba igual, quería seguir con mi sueño. Me dí media vuelta, y el olor se volvió más intenso. Me gustaba, lo necesitaba.
Mi sueño se volvió la imagen de un recuerdo, el último abrazo que le dí a Jake, en mi refugio. Sentí el olor de aquel recuerdo, incluso podía sentir el calor. En un minuto comencé a sudar. Rodé hacia un lado para quitarme una de las mantas.

Aún así tenía calor, rodé hacia el otro lado y sentí una brisa cálida cargada con su olor.
-Jake… -murmuré medio dormida. Sabía que todo esto era un sueño, pero deseaba que fuera real. Una lágrima cayó por mi mejilla. Algo cálido me la secó.


Abrí los ojos de golpe. Ahí estaba, con una sonrisa blanca que resaltaba en su piel oscura. Esos ojos marrones, con unas ojeras muy marcadas, mucho más cansado que en cualquiera de mis recuerdos.
-Buenos días, o buenas noches, como tú prefieras.
-¿Jake?
-Sí, mi pequeña. Siento haber tardado tanto, pero creí que no me echarías tanto de menos como yo a ti, no quería ser pesado. Lamento no haber venido antes, ni haber llamado. Espero que me perdones pequeña.
-¿Jake? –volví a repetir. ¿Soñaba, me lo imaginaba?-. ¿Eres tú?
-Descansa, tu padre me ha dicho que entre Emmett y Alice te han agotado hoy.
-¡Mi lobito! –me levanté zafándome de mis mantas y lo abracé. Parecía real, su calor, la fuerza de su abrazo, su olor, su respiración, sus latidos-. ¡Has venido!
-Si, pequeña, he venido.

Mis lágrimas reprimidas comenzaron a desbordar mis ojos. Jake secó cada lágrima que nacía en mis ojos, por cada lágrima decía un “lo siento”, “perdóname”, o “estoy aquí”. Era esta última la única que necesitaba escuchar.
-Deberíais dormir, Jacob. Ha sido un día largo para los dos –dijo mi padre desde el marco de la puerta-.
-Sí, será lo mejor.
-¡No te vayas! ¡Por favor! –grité desesperada. Jake miró a mi padre y éste asintió-.
Jake se tumbó a mi lado y me abrazó. No se cuanto rato estaríamos sin hablar, pero teniéndole cerca, sabiendo que había venido, me relajaba. Eso junto al cansancio y el calor que irradiaba, hizo que me quedara dormida.

Me desperté cuando unos rayos de sol daban directamente en mis ojos. Tenía frío. ¡No! ¿Había sido un sueño? ¿Se había marchado? Me levanté corriendo, pero me detuve en seco. Oía su corazón. Corrí a la habitación de invitados y allí estaba, trazando una diagonal en la cama, durmiendo abrazado a una almohada…
No pude reprimir el impulso de saltar encima de él y tumbarme en su espalda, abrazándole fuerte. Él abrió un ojo y lo cerró. Creía que yo no le había visto. Roncaba, pero no como cuando dormía de verdad, fingía.
-¡Eres un pésimo actor tío Jake!
-¿No será que tu creces demasiado rápido?
Los dos comenzamos a reír y nos quedamos así durante minutos, hasta que mi madre apareció por allí, trayendo un rico olor a chocolate.
-Creo que es hora de desayunar –dijo mi madre sonriendo-. Oigo el rugido de vuestros estómagos desde el primer piso.
-Huele bien Bells…
-Gracias, al final he recuperado mis dotes culinarias –dijo riendo-. Pequeña, sube a vestirte y a adecentarte para el desayuno. Y tú, Jake, puedes darte una ducha si te apetece, hay toallas y ropa limpia.
-¿Ropa limpia?
-No te quejes… -dijo mi madre mirando enfadada-.
-No ha salido una palabra de mi boca, Señora Cullen –dijo riéndose ante la amenaza de mi madre se volvió hacia a mí-. ¡Más vale que te des prisa o me comeré tu chocolate! –dijo intentando morder mientras yo saltaba de su espalda al suelo haciendo una extraña pirueta y fui corriendo a esconderme detrás de mamá. Jacob me miró con ojos enormes-. ¡Vaya! Sí que has crecido… Ayer no me fijé en lo alta que estás.
-Es mi naturaleza, crezco muy deprisa… ¡Y más creceré cuando me coma tu chocolate! –dije riendo mientras salía corriendo y dejaba a mi madre en la puerta del cuarto de Jake-.

Llegué a mi habitación y abrí el armario. Rebusqué para ver qué me ponía cuando un efluvio llegó a mi nariz. Seguro que intentaba asustarme, creyéndose muy sigilosa, pero su olor no me engañaba.
-¡Déjate de juegos y ayúdame! Tengo que ganar a Jake, si no se comerá toda mi comida.
-Si bueno… -dijo entre risas-. Si es que tu padre no lo asesina primero…
-¿Qué? ¿Por qué?
-Cosas de Jacob y de tu sobre protector padre…
-Luego me lo cuentas, pero ahora ayúdame a elegir… no sé que ponerme…
-¿Hoy sí? –dijo sonriendo mi alocada tía Alice.
-¿Lo sabías? –era evidente, ella lo sabía todo. Seguramente nos viera desaparecer… Típico de mi loca tía el hacer este tipo de teatros… La miré algo nerviosa mientras rebuscaba en mi armario. Saco un vestido rosa muy elegante, quizá demasiado para mis planes-. ¿Eso? Tía Alice… algo más cómodo, por favor… -Metió su cabeza en el armario y al segundo tiro tres prendas encima de la cama. Unas mallas rosas, un vestidito deportivo y unas zapatillas de deporte-. Bueno, al menos es más práctico que los volantes…
-A veces eres peor que tu madre… Te espero abajo, Jazz está intentando calmar a tu padre…
-¿Pero que…? –Agudicé mi oído. Mamá hablaba con Jake…
-Me alegro de tenerte en casa Jake. En serio. Deberías haber venido antes… Ella lo ha pasado muy mal por tu ausencia…
-Lo sé, pero creí que quizá ella no sufría tanto como yo, que estaría bien con vosotros, pero anoche me di cuenta de que no. Siento haberla hecho sufrir, siento… haber roto mi promesa.
-No hay problema, lo entiendo. Sé que
tu no lo has pasado bien tampoco… Si no fuera por las visitas de Charlie, hubiera pensado que Billy estaba peor…
-No, la verdad es que está algo mejor.
-Me alegra oír eso. Charlie me llamó anoche, contándome lo que había pasado. Vaya películas se arman ellos solos…
-Sí, menos mal que estoy para mediar… -pasaron varios segundos.
-No te preocupes. Te espero abajo… -mi madre apareció por las escaleras-. ¿Aún en pijama? Vamos, a la bañera, quiero verte en la mesa en cinco minutos.

Cogí mi ropa y bajé corriendo al baño. Normalmente llenaba la bañera y la llenaba de espuma, podía pegarme horas allí, jugando o leyendo. Me encantaba estar en esa bañera, que ahora me parecía casi una piscina. Me duché muy rápidamente y me vestí, me hice una coleta alta con el pelo mojado. Bajé corriendo por las escaleras pero Jacob ya estaba allí sentado, esperándome.
-¿Has crecido otra vez? –dijo riéndose. Siempre que podía se metía conmigo, pero mamá le dio un ligero golpe en la coronilla-. ¡Au! ¡Era broma!

Mis tíos se marcharon cuando mi padre estuvo algo más calmado, pidiéndonos que pasáramos a verles por la noche. Me comí muy rápido los gofres de chocolate que mi madre había preparado mientras Jake y yo nos poníamos al día. Yo tomé su mano para mostrarle, era mucho más rápido y podía comer a la vez, pero él solo miraba y atendía atentamente a las imágenes que le mostraba. Tuve que esperar a que acabase de desayunar, ya que le bombardeaba a preguntas sobre las novedades en casa y él me respondía, a veces con la boca llena, por lo que tuve que esperar varios minutos. No me importó.
Mi padre le dijo a Jake que ni se le ocurriera montarme en ese cacharro infernal, justo antes de irse a la facultad. Mi lobito le aseguró que ni se le había pasado por la cabeza, no hasta que fuera más mayor. Mi padre gruñó, pero mamá le calmo con un beso. Era encantador ver a mis padres besarse, tocarse o incluso simplemente mirarse. Después me dio un beso en la coronilla y se marchó.
Mamá propuso dar una vuelta por la ciudad para enseñársela a Jake, así que accedí, aunque de lo que más ganas tenía era de ir de caza con él. En la puerta estaba aparcada una moto negra y caoba, Jake nos levantó una ceja y sonrío.
-Un detalle de la… de Rosalie.
-¡Imposible! ¿Sí? –decía mi madre muy sorprendida.
-Ella es así. –Yo lo sabía, era buena… los dos se miraron y después me asintieron, no con mucho entusiasmo y se miraron de nuevo mientras reían. Odiaba que se metieran con mi tía Rose, pero… no quería enfadarme con ellos, menos aún con Jake.

Visitamos gran parte de la ciudad, aunque realmente no había mucho que mostrar. Yo prefería las afueras, los bosques. Cuando se acercaba la hora de comer mamá propuso ir de caza, así que los tres nos fuimos al norte, a las afueras, donde había estado los primeros días de mi llegada a Monroe.

-¿Qué hacemos ahora? ¿Tenéis algo más que mostrarme?
-Creo que deberíamos ir a casa de los abuelos, mami, Alice pidió que pasáramos por allí. Además, no veo a Nahuel desde el jueves.
-¿Te parece bien Jacob?
-Sí, claro… -Su rostro había cambiado ligeramente-.

Esa noche estuvimos en casa de mis abuelos hasta casi la una de la madrugada. Volvimos a casa, ya que no era muy buena idea quedarnos con Jacob por allí… Nahuel no estaba muy cómodo, ni el resto, aunque ya casi se habían acostumbrado a su olor.
Cuando llegamos yo corrí y subí a mi cuarto. Me puse el pijama y volví a bajar para darles un beso de buenas noches a mis padres y a Jake, que estaba comiendo algo que le había preparado mi madre.

Me dormí en seguida, estaba realmente cansada.
El sol me dio en la cara, haciéndome despertar. Me levanté de la cama y bajé corriendo las escaleras. La puerta de la habitación de Jake estaba cerrada, mientras mis padres se levantaban al verme. Llamé a la puerta un par de veces, pero no se oía nada. Entré y la ventana abierta estaba abierta de par en par, por la que entraba un frío invernal. La cama estaba hecha, había una nota encima. Jacob se había marchado. ¡No! No era posible que se fuera sin despedirse. Salí corriendo, zafándome del agarre de mi padre que intentó sujetarme. Corrí hacia el norte siguiendo su rastro, pero sólo llegué al mismo lugar donde habíamos estado de caza. Me angustié. Comencé a llorar y a gritar su nombre. No. No podía haberme abandonado… no…
No paraba de llorar, de llamarle. Corrí hacia el sur, encontrando su efluvio, que llegaba a la autopista, donde se perdía y se volvía muy débil. Me sentía tan desconsolada…
-¡Jake! –grité.
Unos brazos cálidos me estrechaban. Sentía su mejilla en la coronilla. Estaba en mi cama, mientras él me mecía. Todo había sido una pesadilla. Mi padre y mi madre estaban parados en las escaleras, mirándonos con angustia. Mi madre tocó a papá y se fueron, dejando que mi tío me consolara. Era lo único que necesitaba en ese momento, que él me abrazara. Lo había echado tanto de menos, los juegos, los paseos en su lomo… Mi lobito.
-Lo siento pequeña, lo siento muchísimo –no paraba de repetirlo-. Falté a mi promesa, y te he herido. Lo lamento tanto. Espero que algún día me perdones pequeña.
-Lo importante es que has venido, no estoy enfadada, te lo prometo. Solo ha sido un mal sueño.
-¿Puedo hacer algo para compensarlo?
-No te vayas.
-Está bien, velaré tus sueños toda la noche si es necesario.

Me abracé a mi tío. Yo sabía que algún día habría un motivo por el que se tendría que ir, pero estaba tan arrepentido, que no me quedaba duda alguna de que me visitaría. Más tarde o más temprano, siempre vendría. Además, iba a pasar mis vacaciones de Navidad en Forks, con toda la manada, con el abuelo y eso me encantaba. El cielo estaba despejado, lo miré fijamente. Entonces pasó una estrella fugaz. Solo pude pedir un deseo.

Capítulo IX: Monroe.

Comienza la historia desde el punto de vista de Nessie.

Los aullidos de los lobos nos despedían de Forks, los mismos aullidos que posiblemente despertaran a mi lobito. Lo había dejado solo, no tenía fuerzas suficientes para despedirme. Quizá él se enfadaría cuando despertase, quizá me odiaría por haber sido una cobarde. Pero tenía que entenderlo. Era una niña, no podía soportar esa carga emocional. Mi madre pasó a la parte trasera del coche, me abrazaba y me besaba mientras mi padre nos miraba por el espejo retrovisor.
Su angustia era palpable. No debía llorar delante de ellos, no debía hacer sufrir a nadie nunca más. Llegamos a la casa del abuelo Carlisle. Parecía bastante terrorífica, muy antigua y medio en ruinas. Esa noche todos nos quedamos allí, con Nahuel. No querían dejarlo solo esa noche, o eso dijeron. Seguramente fuera por mí. Pasé de mano en mano, todas frías, intentando que durmiera, pero yo necesitaba algo cálido. Nahuel fue el último en cogerme, algo más cálido que el resto, ya que su naturaleza era la misma que la mía, pero no tanto como necesitaba.
Llamamos a Charlie para decirle que habíamos llegado, así que le pedí a mi madre que me dejara hablar con él.
-¡Pequeña! Ya te echo de menos…
-Lo se, abuelo, yo también te echo de menos. ¿Vendrás pronto?
-El viernes por la noche me pondré en camino. Estaré allí cuando termines de cenar.
-Prométemelo.
-Lo prometo pequeña. Os voy a echar muchísimo de menos estos cinco días.

Mamá me quitó el teléfono y empezó a hablar con Charlie, mientras Alice se sentaba a mi lado.
-¿Quieres llamarle?
-No… -lo había pensado, y ella lo había visto-. Quizá siga durmiendo. O quizá… esté enfadado.
-No lo creo, y menos con la escandalera que ha montado la manada… de todas formas, llamará. No se puede enfadar contigo pequeña. Es imposible.
Fue entonces cuando las lágrimas a las que había impedido el paso en el coche empujaban con más fuerza hacia fuera. Apoyé la cabeza en el brazo de tía Alice y cerré los ojos. Ella acariciaba mi pelo, pero con el pulgar limpiaba las lágrimas que estaban a punto de caer por mis mejillas.
No sé en que momento me dormí. Cuando comencé a despertarme noté calor, no era tía Alice a quien tenía agarrada. Abrí los ojos, pero debía de haber sabido que no era él. Su temperatura era mucho mayor.
-Buenos días pequeña –me dijo Nahuel sonriendo-.
-¿Dónde están todos?
-Emmett y Jazz se han ido a la universidad. Rose y Alice con tus padres a terminar de preparar la casa. Esme creo que está en el jardín. Tenías frío con Alice al lado, así que nos cambiamos y te tapamos.
-Gracias.
-No hay de qué, pequeña.
-¡Buenos días querida! No hemos querido despertarte. Pero en seguida preparo desayuno. ¿Qué te apetece hoy? –dijo con una sonrisa mi abuela Esme-.
-La verdad, es que no tengo mucha hambre.
-Creo que esta niña lo que necesita es un buen helado de chocolate con galletas. ¿Quieres? –me ofreció Nahuel con una sonrisa. Parecía más joven. Sus ojos eran rojos parduzco, llevaba días sin alimentarse-. ¿O prefieres otra cosa? –Ofreció al ver que no decía nada-.
-Quizá… ir de caza. Me apetece un buen ciervo.
-Vamos entonces –dijo mi abuela-. Aunque a Carlisle no le hará gracia que desayunes sangre, pero por un día no pasa nada. Nahuel, ¿querrás acompañarnos? No te vendría mal alimentarte, aprender como lo hacemos los Cullen.
-Me parece estupendo.

Los tres nos fuimos unos kilómetros a las afueras de la ciudad, donde encontramos una granja. A mi abuela no le parecía bien matar ganado de alguien, así que seguimos un poco más al norte. Encontramos unos ciervos, que nos sirvieron de desayuno. Los ojos de Nahuel se volvieron de un color extraño, un tono cobrizo, muy raro. Daba miedo.
Volviendo a casa encontré un zorro, que compartí con Nahuel.
Al llegar a casa me entraron ganas de llamar a mi lobito, pero… no sabía si debía. Decidí que igual sería mejor no llamarle. Él prometió que no se olvidaría de mí, que vendría de visita. Quizá querría darme una sorpresa para el fin de semana…
Me aburría, así que me puse a tocar el violín. A mi mente vinieron unas notas nuevas que sonaron realmente bien. Esme me miró emocionada, mientras Nahuel sonreía. Decidí grabarlo para tío Jazz, que me pedía que grabara algo de vez en cuando. Luego enviaba las cintas a un viejo amigo, según decía. Edward y Alice se reían cuando decía eso, pero yo nunca le encontré la gracia.
Mis padres volvieron a la hora de comer, con una pizza de carne. Era una de mis comidas preferidas, así que me comí casi toda yo sola. Le di un poco a Nahuel, para que también se acostumbrara a la comida humana, pero puso unas caras muy raras que me hicieron reír mucho.
A la noche nos fuimos a nuestra nueva casa. Era preciosa, de dos pisos. Ya la había visto por las fotos de mi abuela Esme, pero no la había visto amueblada. Mis padres abrieron la puerta esperando ver mi cara. Abrí la boca hasta el suelo. La entrada era preciosa, las escaleras subían en un semicírculo, y debajo de ellas había un arco, que daba a la cocina. A la derecha había otro arco, donde había una chimenea enorme, y una alfombra esponjosa en blanco, que contrastaba con la madera oscura del suelo. Había tres sofás, dos en colores hueso y dorado y otro en tonos rojizos y dorados. Había una mesa redonda bajo la ventana de la fachada. En el otro extremo de la habitación había una pantalla plana, y debajo el piano de cola de papá. La pared que pegaba con las escaleras tenía una estantería llena de libros, libros que había en Forks y otros que no conocía. Casi no se veía la pared, empapelada en tonos hueso con detalles dorados. Encima de la chimenea había un cuadro, uno de mi abuelo Carlisle, mi preferido.
-Te lo ha regalado –contestó mi padre.
Corrí emocionada hacia el comedor, donde había una mesa ovalada de madera, más clara que la del suelo. Las sillas eran de la misma madera, con acolchados en color crema. La pared estaba pintada en color tierra, con una cenefa de la misma madera que el suelo. Al fondo había un mueble bar, en tonos más oscuros que la mesa, pero que quedaba realmente bien. En la pared opuesta a la fachada había una puerta de cristal, salí corriendo. Había un pequeño jardín, con un árbol enorme… Como mi escondite. De él colgaba un columpio.
-Espero que te guste la casa cariño. ¿Quieres ver las habitaciones? –me preguntó mamá.
-Sí, ¡me encanta la casa!, quiero ver mi habitación. ¡Ya!
-No, primero el resto. La tuya la última –dijo papá.
-Esta bien…
Los dos se rieron al ver mi falso pesar. Subimos la escalera semicircular, los peldaños eran de la madera del suelo, pero los frontales estaban pintados en blanco. Una combinación muy bonita. Me enseñaron su habitación, al final del pasillo. Era prácticamente igual que la de la cabaña. La misma cama, incluso. Me enseñaron el baño, enorme, con una bañera que más bien parecía un jacuzzi… bueno… era un jacuzzi. Había flores y velas decorando, todo olía a flores silvestres que había bajo la ventana.
-Ven, te enseñaremos el cuarto de invitados. –dijo mi madre.

Era bastante austero, pero bonito. Las paredes eran en color blanco, una alfombra espesa en rojo, una cama bastante grande, con la colcha en rojo y almohadas por doquier. Una puerta abierta mostraba un baño pequeño, con una bañera algo más normal. Había una cómoda y un espejo, y fotos nuestras encima. Me acerqué y cogí una foto de Jake. Me dolía, pero me consolaba. Era una foto en la que yo tendría poco tiempo, aún era bebé. No mirábamos a la cámara, solo el uno al otro.
-Vendrá pronto, ya lo verás –me dijo mi madre mientras me ponía las manos en los hombros.
-Más le vale… -dijo mi padre susurrando, intentando que sólo lo oyera mi madre-. Perdón, pero es lo que pienso…
-Lo sé, papi, lo sé.
-¿No quieres ver tu habitación? –dijo mi madre.
-¡Sí! –salí al pasillo deprisa, pero conté sólo tres puertas. Me giré buscando una cuarta pero no hallé ni siquiera una grieta en la pared. Mis padres se rieron y apuntaron hacia el techo. Mi padre salió y pulsó un botón que había en la pared. Unas escaleras empezaron a salir del falso techo-. ¿Qué? ¡Es genial!
-Espera a subir… -dijo mientras reía mi padre.
Subí las escaleras corriendo, era precioso. Lo que desde fuera parecía un tejado oscuro, por dentro era todo de cristal. Se veía el jardín y el cielo… era precioso. Una valla de madera blanca cercaba lo que iba a ser el resto de mi habitación. Reconocí mi antigua cómoda, pero el resto de los muebles eran nuevos. Una cama enorme, sólo para mí. En el cabecero estaba el mismo grabado que en la antigua cuna, al igual que en el armario que había al lado. Formando una L con el armario y la cama había un escritorio enorme, con tres cajones a cada lado. El centro del escritorio se podía inclinar, lo que me recordaba a la mesa de dibujo que había en mi refugio. Era la habitación más bonita que podía existir. Hecha por mi lobito. Me encantaba, pero no pude evitar que me entraran ganas de llorar. Mi padre se acuclilló a mi lado y me puso el brazo encima de los hombros.
-Espero que su recuerdo no te haga sufrir demasiado.
-No pasa nada, así estaré cerca de él, hasta el día en que volvamos a Forks.

Mi madre se empeñó en dormir conmigo, no quería dejarme pasar la noche sola. Mi padre se sentó en el suelo enmoquetado que imitaba el césped y me cogió la mano.
Todas las noches era la misma rutina. Y el viernes llegó. Estaba muy nerviosa. Jake no había llamado ni un sólo día, y hoy esperaba que viniera con mi abuelo Charlie. Mi decepción fue tremenda cuando Charlie apareció solo. Me hubiera gustado que mi tío Jasper estuviera, eso me habría calmado un poco, aunque le hubiera dado un gran dolor de cabeza. Mi madre había preparado lasaña para cenar, esa que a mi abuelo tanto le gustaba. Quise esperarle para cenar con ellos, pero cuando Charlie apareció solo se me fue el apetito. Sobró más de tres cuartas partes de la lasaña.
Charlie nos contó como había sido su semana y yo le conté todas las cosas que me habían permitido contar mis padres. Cuando terminó de cenar le enseñamos el resto de la casa, quedándose boquiabierto a cada estancia nueva que descubría. Cuando subió a mi cuarto su corazón se desbocó. Aproveché y dije que tenía sueño, que iba a dormir. Charlie me arropó y me dio un beso de buenas noches, para después bajar al piso de abajo, donde mi padre también se despidió, fingiendo un bostezo para dejar a mamá y a Charlie solos, imaginé. Bajaron al piso de abajo, y se sentaron en el sofá. Pude oír la conversación casi sin esfuerzo. Mi parte vampírica crecía cada día más.
-¡Vaya!, es una casa realmente hermosa.
-Carlisle la heredó de su madre –mintió-. Ellos han alquilado una más grande, cerca del hospital. -Vaya…
-Ha sobrado mucha comida ¿esperabais a alguien más?
-Bueno… Esperábamos que Jacob viniera contigo. Ni siquiera ha llamado. No sé si debería llamarle, pero creí que le resultaría incómodo que yo lo llamase.
-Bueno, no sé. No lo he visto en todos estos días. Esperaba que viniera a verme, creí que sabría lo de… -se quedó callado-. Bien, quizá sea mejor así. Se les pasará antes ¿no crees?
-¿Cómo?
-Me refiero, pasar no se les va a pasar, les he visto juntos y sé que Nessie y él se tienen mucho cariño. Pero si no se van a ver más…
-No, no, no, no, se volverán a ver. Él sabe que puede venir siempre que quiera. Al igual que tú.
-Sabéis que… bueno… mi casa está abierta para vosotros también. Aunque no sea tan grande y lujosa como las vuestras… -pude imaginar a mi abuelo sonrojado.
-Papá, no es eso. Prometo que te iremos a visitar, ¿de acuerdo? Pero Edward ha empezado a estudiar medicina, tiene muy poco tiempo.
-Podéis venir los tres, dormiré en el sofá si es necesario. Pero prometerme que al menos vendréis para navidades.
-No lo sé, papá. Sólo quedan un par de meses, así que lo pensaré.

Volver a Forks, no deseaba nada más en el mundo. Deseaba estar allí, en mi refugio, con Jacob. Paseando por el jardín de la casa de los abuelos, o por el jardín de la cabaña. Me gustaba Forks, odiaba este sitio.
-Creí que te gustaba tu habitación –me sobresalté. Mi padre se volatilizó a mi lado-.
-No es eso, papá. Me gusta la habitación, y la casa. Pero me siento muy sola. Echo de menos a la manada, a Claire, a Kim, Emily, Sue… añoro Forks por ellos, simplemente.
-Lo lamento. Pero creo que podría hablar con tu madre. No me parece tan descabellado hacer una visita a Charlie para navidades. Así que si tú quieres, podremos ir.

-¿Lo dices en serio?
-Claro pequeña, sabes que haré todo lo que pueda para hacerte feliz.

-¡Gracias papi! ¡Eres el mejor! –le abracé, era el mejor, siempre intentaba comprenderme y ayudarme en todo, aunque a veces discutiéramos, le quería muchísimo-. Podrías… ¿te quedas a dormir?
-Claro, hazme un sitio. Pero tendré que irme si sube Charlie.

-De acuerdo, pero si te vas vuelve después.

Mi padre comenzó a contarme historias, de esas que leyó hace años. Sabía un montón de historias de memoria… me encantaba escucharle aunque ya hubiera leído ese libro. No sé en que momento de la historia me quedé dormida.

La luz del medio día me despertó. El sol estaba en lo más alto del cielo, era precioso ver esto desde la cama. Me levanté corriendo cuando oí el latido de un corazón en el piso de abajo. Casi se me había olvidado que Charlie estaba de visita. Baje corriendo las escaleras y le abracé con fuerza…
-Buenos día…s. ¡Cariño! ¡Con cuanta energía te levantas! –demasiada fuerza…-.

Vino el resto de la familia a comer. Dijeron que Carlisle estaba trabajando, pero yo sabía que estaba con Nahuel. Charlie no debía conocerle hasta que no estuviera acostumbrado a la vida vegetariana, como le decíamos. Era un riesgo poner a Charlie, que olía tan bien, cerca de cualquier vampiro sediento de sangre. Mamá se controlaba muy bien, al igual que yo, pero mi sed no se podía comparar con la de mamá o Nahuel.
Alice le hizo preguntas a mi padre sobre Sue, poniéndose rojo como un tomate y contestando con evasivas, las cuales Emmett recogía para devolverlas con otro tipo de tono, ese tono que hacía que mamá le regañara siempre.
También se quedaron a cenar, bueno, a vernos cenar. Después se retiraron, poniendo como excusa que iban a ir a cenar a casa, ya que Carlisle saldría tarde del trabajo y querían cenar con él.
Pusimos la tele y encendimos el fuego, nos sentamos en el sofá más próximo a la chimenea y mi abuelo y yo nos pusimos a ver un partido de béisbol. No era tan divertido verlo como jugar con tío Emmett, que a veces no medía bien su fuerza y acababa lanzando la bola a más de cinco kilómetros de distancia. Pero eso no podía hacerlo con mi abuelo, así que ver el béisbol con él, era distinto, pero igual de emocionante. Me encantaba verle removerse en el sofá cuando su equipo cometía algún fallo. Se enfadaba muchísimo, tanto que se ponía colorado y se mordía los puños. Luego, cuando yo me reía, me miraba y se unía a mis risas, alegando que él jugaría muchísimo mejor que cualquiera de ellos.

Después del partido mi abuelo me dijo que quería ver alguna película que me gustara a mí.
-No sé, abuelo, ahora mismo no sé que me apetece ver.
-Porque no revisáis los dvd’s del cajón –dijo mi padre que estaba en la mesa de detrás estudiando-. Allí están todas tus películas favoritas.
-A ver, enséñame cuales han sido las películas que más le han gustado a mi nieta.
-Mira abuelo –me levanté y abrí el cajón, sentándome en los pies de mi abuelo-. Tenemos varias películas de Disney, y de la Warner… quizá… ¿WALL-E?
-No sé de qué va…
-Es de un robot que encuentra una amiga. Es muy bonita y muy graciosa. Me encanta… -me recordaba a Jake. Pero eso no podía decírselo a mi abuelo-.
-¿Otra vez? –resopló mi padre. Había visto esa película como 30 veces con Jacob. Siempre con él. Quizá sería mejor no verla…-. Nunca te vas a cansar de esa película –eso era una indirecta-.
-No creo, es la mejor historia de amistad que conozco –ahí va otra indirecta para ti, papi-.

Mi abuelo se levantó y me puso la película, me tiré en el sofá, dándole la mano a mi abuelo. Él me tapó y después me besó la mano.
Un beso en la frente me despertó. Era mi abuelo, ya se marchaba. Estaba algo descolocada, me había debido dormir viendo la película, pero ahora estaba en mi cuarto y el cielo comenzaba a clarear.
-¿Ya te vas? ¡Es muy temprano!
-Lo sé, pequeña pero le he prometido a Sue que llegaría a la hora de comer. Son casi cinco horas en coche, seis para tu viejo abuelo que para un rato cada dos horas.
-Está bien… ¿volverás este fin de semana?
-Eso espero, si no hay ninguna urgencia en el trabajo, aquí tendrás a tu abuelo.
-¿Has desayunado ya?
-Iba a parar a desayunar después, ¿por?
-¿Desayunas con tu nieta?
-Será todo un placer, cariño. Te espero abajo.
Me puse un vestido de los que tía Alice me regalaba, rosa con muchos volantes y me hice una coleta con mi enmarañado pelo. Quería que mi abuelo me viera guapa, no quería que se fuera pensando que no era capaz de levantarme de la cama para despedirme. Bajé corriendo las escaleras y desayunamos juntos. Le abracé fuerte, no tanto como la mañana de ayer, cuando estaba a punto de meterse en el coche.
-Pequeña, te voy a echar muchísimo de menos.
-Y yo a ti abuelo. Ya tengo ganas de que vuelva a ser viernes –le sonreí-.
-Como un clavo estaré aquí.
-Papá, ten cuidado. Y llama cada vez que pares y cuando llegues. ¿De acuerdo?
-Bella, esto de ser madre… te ha vuelto demasiado sobre protectora con tu viejo padre.
-Tú simplemente hazlo –le sonrió y le abrazó-. Te quiero muchísimo –dijo mientras le daba un beso en la mejilla-.
Me agarré de su cintura para abrazarle y él, con mucho esfuerzo, me levantó y yo apoyé la cabeza en su hombro, mientras papá le daba la mano.
-Buen viaje Charlie. El viernes te esperaremos de nuevo –dijo mientras sonreía-. Puedes venir con Sue, si quieres –dijo leyéndole seguramente los pensamientos y haciendo enrojecer a mi abuelo-.
-Gracias, bueno, me marcho –dijo mientras me dejaba en el suelo y se metía en el coche. Se puso el cinturón y arrancó el coche-. Os quiero chicos –dijo mientras salía a la carretera-.

Así pasó la semana, yo esperando una llamada que nunca se produjo, esperando al viernes para volver a ver a mi abuelo, con la esperanza de que Jake viniera con él. Mis tíos me entretenían todo lo posible, jugábamos a juegos que se inventaban en cinco minutos, cambiando las reglas cada vez que les ganaba. Era divertido ver como Emmett se picaba cuando Nahuel
o Jazz le ganaban. Cuando yo ganaba, no le importaba tanto.
El viernes llegó y otra vez los mismos nervios, la misma ansia, pero algo más tenue, gracias a la presencia de tío Jazz esta vez, por acción de mi padre imagino. Me disculpé unas cien veces por el dolor de cabeza que le iba a producir mi cóctel. Me dijo que no me preocupara por ello, que sería peor si añadía preocupación por él… lo que me hacía sentir aún peor. ¡Pobre tío Jasper!


La tarde llegó, y con ella la decepción. Mi abuelo venía solo de nuevo. Alice apareció también por allí, cogiendo constantemente la mano de Jasper. Se querían tanto…
Me alegré muchísimo por ver a mi abuelo, contando cosas del trabajo, y nos contó un montón de cosas sobre Sue, Seth y Leah. Al parecer no estaba tan solo. Eso me aliviaba.
Fue un fin de semana parecido al anterior, con la emoción añadida de que papá le dijo al abuelo que iríamos a visitarle a Forks por Navidad. Mamá no sabía nada, así que se emocionó muchísimo cuando papá se lo comunicó a Charlie.

El domingo la despedida fue muy parecida a la anterior, con las sucesivas cuatro llamadas de mi abuelo. A mamá le preocupaba muchísimo que pudiera tener algún accidente conduciendo, aún sabiendo lo prudente que era el abuelo al volante. La verdad es que era algo que les preocupaba a todos. Alice estaba muy pendiente de Charlie siempre, le tenía muchísimo cariño también.

Esa noche fue la última que subí a mi habitación. Mi lobito, mi tito Jake, se había olvidado de mí. Dos semanas sin llamadas, no había venido a verme, ni siquiera le había dicho nada a Charlie, ni un solo mensaje. Me tumbé en la cama, entre medio de mis padres.

A partir de entonces sólo dormía en mi habitación el fin de semana, durante la visita de Charlie. El resto dormía con mis padres o en casa de Carlisle junto a cualquiera de ellos, aunque siempre acababa despertándome con Nahuel, al que le pedían un cambio para que no me congelara.
Cuando dormía con mis padres, despertarme era todo un ritual, ya que me habían enroscado tantas mantas alrededor, que rodaba a un lado y a otro como una croqueta para quitármelas todas. Ellos siempre se reían.
El lunes por la mañana fue muy extraño. Me estaba comenzando a despertar cuando mi padre se levantó de golpe.
-¿Qué pasa Edward? –preguntó mamá angustiada.
-¡No, por favor!
-¿Qué?
-Viene nuestro monstruito aterrador a despertarnos… Y además viene excesivamente contenta por algo que me intenta ocultar. Está traduciendo el guión entero de Romeo y Julieta al portugués…
-¡Genial! Será mejor que bajemos… no quiero que se despierte.

Justo terminó de decir su última palabra y un torbellino entró en la habitación, abriendo las ventanas de par en par y cogiendo una almohada.
-Quiero que os levantéis ya, si no usaré mi arma.
-Será mejor que te levantes cariño –me dijo mi padre muy bajito-. Tu tía Alice me está dando mucho miedo hoy –me giré para mirarla-.
-¿Sólo hoy? –dijo mi madre sacándole la lengua-.
-No me quiero enfadar, voy a contar hasta tres. Uno… -mi padre se esfumó-. Dos… -mi madre me besó en la cabeza y me marchó, yo me dí media vuelta para darle la espalda a tía Alice, no quería levantar hoy de la cama-. Dos… y medio… -la miré raro-. ¡Tres! –saltó sobre mí dándome ligeros almohadazos-. ¿Te piensas levantar?
-No, hoy no tengo ganas de levantarme.
-¿Estás segura? –dijo comenzando a hacerme cosquillas-.
-¡No! ¡Para! ¡Para! –mi tía me hizo cosquillas hasta que rodé de un lado a otro de la cama, quitándome todas las mantas-. ¡Vale! ¡Para! ¡Ya me levanto! ¡Ojh!
-¿Ojh? ¿Qué quiere decir eso?
-Pues ¡Ojh!, no sé… me desesperas tía Alice…
-Vístete rápido, hoy te vamos a poner muy guapa.
Me empujó por las escaleras subiendo hasta mi habitación. Una vez allí abrió mi armario, en el que había ropa nueva y donde no quedaba casi nada de la ropa vieja. Mi madre odiaba esa estúpida regla de mi tía sobre no llevar la ropa más de una vez. Para mí servía la escusa de que se me quedaba pequeña, pero mi madre se había enfadado alguna vez con tía Alice por tirarle alguna prenda que le gustaba, aunque nunca le duraba demasiado el enfado.
Me hizo probarme todas y cada una de las nuevas prendas. Acabé con unas mallas negras y un vestido vaquero. Tía Alice suspiró y cogía una prenda del armario. Esta noche me querrás mucho más cuando veas que prenda te vas a poner. Mi madre suspiró y se echó a reír, en parte se alegraba porque al estar yo de por medio ella no sufría el calvario de tener a Alice como estilista.
Mi padre seguía parado junto a las escaleras con el rostro serio. Señal de que algo no iba bien.
-¿Qué pasa papá?
-Nada cariño –miró a mamá-, cosas de mayores.
-Sabes que odio que me ocultéis cosas.
-Verás, es por Carlisle, ha recibido una llamada de un viejo amigo y tu abuelo se ha molestado un poco. Vladimir, no sé si lo recuerdas.
-Sí, recuerdo. No lo definirías como un viejo amigo, ¿verdad?
-No cariño, pero no hay de qué preocuparse.

Pasamos el día en casa de Esme, mientras papá iba a la universidad y mamá ayudaba a Esme en su nuevo negocio. Esme había montado una empresa para decorar casas. Eran las mejores de la ciudad, sin duda. Yo las miraba mientras Nahuel estudiaba en casa. Se había decidido a estudiar Antropología, aunque no asistía aún a las clases, le ponía mucho empeño.

Pasé la tarde con mi tío Emmett, en la casa que Rose y él tenían a medio camino entre mi casa y la de mis abuelos. Tenía una pantalla de cincuenta y dos pulgadas colgada en la pared, y todas y cada una de las consolas, con miles de mandos. La mayoría estaban rotos, no sabía medir su fuerza cuando se entregaba en un juego, menos si era de deportes.

Tía Rose llegó por la noche, me prepararon cena mientras Emmett ponía cara de asco cuando me veía comer.
-¿Quieres un poco? Está muy bueno…
-No sé…
-Venga tío Em… -Le acerqué el tenedor con un trozo de carne-. Es parecido a un oso.
-¡Imposible!
-¡Prueba!
Se comió el trozo de carne, con el que se llevó medio tenedor. No pare de reír en diez minutos, viendo las caras de mi tío y mirando el mango del tenedor que me había dejado.
Cuando llegué a casa papá me abrazó muy fuerte y tía Alice estaba allí con un vestido blanco en las manos.
-Creo que es hora de que te pongas este vestido.
-Pero… tengo sueño, me iba a ir a dormir.
-Yo que tú me lo pondría y esperaría un ratito más a dormir. Aún no has estrenado ese columpio tan chulo.
-Alice… -interrumpió mi padre-. Creo que es hora de ir a casa.
-Hermano, eres muy educado, hasta para echarme. Pero está bien, ya me voy. Sólo me gustaría verla con el vestido.

Me acerqué a tía Alice y cogí el vestido. Subí al baño y me cambié. La verdad es que parecía una princesita con ese vestido. Me hice una cola alta. Cuando salí todos me dijeron lo guapa que estaba. Alice me puso una cinta alrededor de la coleta, en color blanco como el del vestido.
Salí al jardín y estrené mi columpio. Al rato todos se fueron y papá se quedó en la puerta trasera mirando cómo me columpiaba. Me entristecía mucho el estar tan cerca de este árbol, que me recordaba tanto a Jake, mi lobito.
-¿Quieres dormir?
-Sí papi, la verdad es que hoy, estoy agotada.
-Vamos entonces, tu madre ya se ha acostado.
A mamá le gustaba echarse, aunque no durmiera, nunca supe si por acostumbrarme a mí a los horarios de dormir, o porque lo echaba de menos.
Mi padre me envolvió en dos mantas y me tumbó en el centro de la cama. Se tumbó al otro lado, cogiendo la mano de mamá por encima de mi cabeza. Él comenzó a cantar la nana que compuso para mamá, y empecé a soñar.

Capítulo VIII: La no-despedida. ₪ Jacob POV.

Los aullidos de la manada me despertaron alarmado. No podía creerlo, me había quedado dormido. Los estaba viendo marchar, gracias a la manada, la veía llorar, asomada por la ventanilla del volvo de Edward. Mi pequeña. Su olor seguía presente, cerca de mí. Entonces me giré para encontrar su chaquetita, justo donde me había quedado dormido. ¿Por qué? Se había ido sin despedirse de mí, me dejó la chaqueta para que no notara su ausencia, o como despedida, o como un recuerdo. No, imposible, su recuerdo siempre estaría conmigo a cada minuto de mi vida. Oí las voces de la manada, así que decidí salir de fase. No me apetecía oírles, no ahora.
Cogí su chaquetita y subí a la salita de la casa árbol, aquella esponjosa alfombra aún tenía su olor, aunque menos intenso que su chaquetita. Toda la estancia estaba impregnada con su dulce olor. El olor de mi pequeña. Abrí el armario donde solía haber un par de chaqueta que habían colocado “Barbie” y Alice para Nessie. También había unas mantitas, solo faltaba la mantita que le había regalado Sue. Colgué la chaqueta en el armario y me tumbé al lado de la alfombra. No quería pisarla, no quería respirar demasiado en ella para que tuviera su olor durante más tiempo.
Odiaba a ese semi-vampiro, el tal Nahuel. Bueno, realmente no era así, hacía unos años gracias a él los mega-chupa-sangres habían dejado existir a mi pequeña. Pero ahora lo odiaba, nos había separado, aunque luego volvieran, no me importaba. Si sólo me doliera a mi podría llegar a soportarlo, pero no así. No con mi pequeña sufriendo… mi pequeña.

Oí los pasos de la manada, tras estar unas horas tirado en el suelo de aquella casa árbol ahora sin vida alguna. Ellos no debían entrar aquí, sus efluvios eran demasiado fuertes para mantener el de Nessie. Así que eso me obligó a salir de aquel refugio, ahora mi santuario.
Todos estaban en su forma lobuna, cuando me vieron salir de mi santuario comenzaron a salir de fase. Incluso Leah. Aquello parecía el festival del nudismo. Tampoco es que yo fuera con mucha ropa, pero al menos llevaba unos pantalones. Miré hacia otro lado, no quería incomodarla, sabía que luego estaría rabiosa.
-Gracias chicos, pero me gustaría que no estuvierais cerca de este lugar. Sé que os sonará a locura, pero ha sido su refugio durante unos años, así que me gustaría mantenerlo como ella lo ha dejado. Con ello quiero decir que no quiero oler por aquí nada que no sea su efluvio. ¿Queda entendido?
-Es decir –sentenció Leah-, que vas a quedarte eternamente en este lugar…
-No, pero sí me gustaría que me dejarais solo.
-Jake, no creo que eso te haga mucho bien… -comenzó Quil-. Sé que se pasa mal… pero…
-No Quil, tu sabes que en un par de días, a lo sumo tres volverás a verla. Sé que sólo intentáis consolarme… y os lo agradezco, pero necesito estar solo, al menos esta noche. Os lo agradecería.
-Está bien… -dijo Seth-. Solo por esta noche.
-Jake, solo una cosa –interrumpió Paul mientras el resto emprendía la retirada-. Rachel me ha pedido que te comunique que te necesita en casa, así que al menos, ves a dormir. Billy y ella también te necesitan.
Todos se quedaron callados y parados, mirando de bote en bote a uno y a otro. Yo miraba fijamente a Paul, y simplemente asentí. Entonces el bajó la cabeza haciendo una mueca y se puso en marcha seguido del resto de la manada.
Odiaba reconocerlo, pero ese ser tan extraño que iba a ser mi cuñado tenía razón. Nessie me había pedido que me quedara por ellos, por mi familia, por la manada. Debía hacerlo por ellos, por mi promesa. Rachel llevaba días sin salir de casa por cuidar a Billy, no me parecía muy justo.

Subí a la casita y cerré el armario tras inspirar profundamente aquel delicioso olor. Debía mantenerlo el mayor tiempo posible, así que mejor cerrarlo. Bajé por las escaleras y me quité los pantalones, los até al tobillo y entré en fase. En unos minutos estaría en mi casa. Entonces la voz de Leah apareció en mi cabeza.
-Sé que te va a sonar a chorrada, pero bueno… para lo que necesites.
-Lo sé, Leah, lo sé. Pero ahora mismo creo que lo único que puedo hacer es estar en casa con Billy y Rachel… seguramente ella quiera salir…
-No sé como puedes soportar la idea de tener a Paul como cuñado… me parece repulsivo.
-Lo sé, a Billy tampoco le hace mucha gracia, así que… pero bueno, es lo que nos ha tocado. Mírate a ti, ahora eres la niñera del hijo de Sam y Emily… -no medí mis palabras-. Perdona… yo…
-Tranquilo, es entendible. Además, yo me consuelo, al menos Ephraim es uno de los nuestros, no una mini chupa sangres.
Los dos nos reímos y nos despedimos. Estaba llegando ya a mi casa.
Cuando llegué a casa Billy estaba en el sofá mientras Rachel hacía la cena.
-Huele muy rico.
-Sí, Rachel está haciendo un plato nuevo. Parece que está aprendiendo algo de Emily.
-Gracias a los dos –dijo mi hermana asomando la cabeza-. Vuestra confianza en mí me halaga… pero no os emocionéis… va a ser para compartir…
-¡Genial! –dije sarcásticamente mientras mi hermana me lo reprochaba con la mirada. Eso quería decir que Paul venía a cenar. Mi padre no dijo nada, pero su cara mostraba poco entusiasmo.
-¿Cómo… cómo lo llevas?
-Prefiero no hablar del tema…
-Quizá deberías…
-No, no puedo –mi padre me había sugerido que me marchara con ellos, que él estaría esperándome cuando regresara-. No quiero –sentencié. Quizás, egoístamente, también me quedaba por otra razón. Habíamos decidido ocultarle a Nessie lo de la imprimación, quizá al estar separados ella se daría cuenta de algo. Pero en el fondo sabía que era improbable. Ella era lista, sabía que acabaríamos juntos, lo veía idílico como con Claire o Quil. Pero no sabía nada acerca de la imprimación-. Tengo obligaciones aquí, además va a ser temporal.
-Es tu decisión Jacob. Pero no quiero que te sientas atado aquí por mí.
-Papá… -él me miró raro, sabía que la siguiente frase era profunda. Nunca le llamaba papá a no ser que fuera para decir algo muy sentimental-. No eres una carga, eres mi padre y te quiero. Debo quedarme porque así lo siento, tengo obligaciones además de Ness… -dolía casi el decir su nombre ahora que estaba lejos-.
-Espero que vuelvan pronto, Jake, no quiero que sufras.
-Gracias papá…
El picaporte de la puerta giró, nuestra visita había llegado. Desde hacía un tiempo no se molestaba en llamar, sólo entraba como si fuera su casa. Rachel se asustó cuando entró en la cocina tan sigiloso, pero le abrazó por el cuello y le besó dulcemente…. ¡Puaj! Demasiado amor en el ambiente, no era sano.
Nos sentamos a la mesa y cenamos en silencio mientras los tortolitos se ponían ojitos y se sonreían más de lo habitual. Rachel había preparado tarta de chocolate de postre, lo que me recordó a Nessie… su tarta favorita. Terminamos de cenar y me iba a levantar cuando Rachel me pidió que me sentara.
-Espera… debemos deciros algo. –me dijo mientras miraba a Paul y le invitaba a hablar-.
-Bueno, no es nada que no sepáis, estamos enamorados, bueno, más que enamorados… -decía mientras le ponía ojitos a mi hermana… mi estómago luchó por retener la deliciosa cena que acababa de engullir. No podía soportar que Paul, precisamente el más odioso de toda la manada, mirase así a mi hermana-. El caso, es que hemos decidido casarnos.
-¿Qué? –Billy se puso blanco. Me asusté y me acerqué más a él-.
-Bueno, si tu me das el consentimiento, Billy.
-Yo… -mi padre pasó del blanco al rojo y luego retornó a su color natural-. No debo concederte nada. Si ella quiere, que creo que sí, no hay nada más que decir. Sólo quiero pediros que primero busquéis un buen hogar.
-Eso está hecho, Billy. He estado visitando unas cuantas casas, pero ninguna me gusta demasiado… estoy planteándome el construir una de cero.
-Me parece lo mejor, pero eso… cuesta mucho dinero… -Mi padre hizo una mueca. Rachel trabajaba, pero no ganaba como para comprar una buena casa, como la que Billy había soñado para Reich…
-No saldrá demasiado cara si un cuñado con ganas de perderte de vista la construye –le sugerí, mientras los tres me miraban boquiabiertos-. Bueno, no tengo pasta suficiente para comprar un terreno en la reserva, pero quizá en las afueras sí. Y dado que pude construir una casa árbol… -ese recuerdo me dolió un poco-. Con un poco más de tiempo quizá pueda construir una casa medio decente. –Añadiendo además que el tiempo que me tomaría me mantendría distraído… si es que podía sacar de mi cabeza su ausencia…- Será mi reglo de bodas.
-No puedo consentirlo Jake… yo…
-Reich, no me lo discutas. A no ser que no quieras una casa en las afueras.
-Bueno, en verdad, había pensado comprar la casa que venden dos calles más abajo. No me gustaría irme lejos de vosotros ahora. El problema es que la casa… está en ruinas.
-Se puede arreglar.
-Entonces acepto tu regalo, yo compro la parcela y tú restauras la casa, ¿de acuerdo?
-Está bien… -no me hacía gracia que ella pagara la casa, pero tampoco tenía muchos ahorros, así que era lo mejor que podía hacer.
Paul se quedó a ver el partido con Billy y yo me fui a dormir. Al menos a intentarlo. Daba vueltas y vueltas, me faltaba lo que anoche tenía a centímetros de mí.
Cuando amaneció Rachel se levantó a preparar el desayuno. Ayudamos a Billy a levantarse y desayunamos. Después fuimos a ver la casa, en ruinas completamente. Creo que sólo iba a aprovechar los cimientos, sería mejor tirarla y comenzar de cero. Rachel acompañó a Billy a una revisión médica, mientras yo fui a la casa árbol. Comencé a sentir su ausencia, así que fingí que la esperaba impaciente. Cogí los papeles donde ella dibujaba, y comencé a hacer un plano de la casa.
Cuando terminé, decidí incluir colorines, al menos así pasaría más rato. Al abrir el cajón encontré una carpeta con sus dibujos. Los miré durante horas. Era casi de noche cuando me dí cuenta que debía volver a casa.

Hablé con Reich sobre la distribución de la casa y los planos, los materiales y colores… ya podía imaginar la casa terminada.
Pasaron los días con una rutina extraña, me levantaba, trabajaba destruyendo la vieja casa hasta que dejé sólo los cimientos, lo que me costó dos días. Luego comencé a buscar arcillas naturales, rocas y maderas, guardándolas en el pequeño prado adjunto a la casa árbol.
Decidí allanar el terreno lo máximo posible, haciendo la casa de una altura. Se me hizo muy duro solo pensarlo, pero algún día tendrían hijos –mis sobrinos, monstruitos, mini Pauls… temblé cuando lo imaginé-, así que Billy querría verlos, por lo que cambié la distribución, que en un principio era de dos plantas, y le informé de los cambios a Reich, la cual se emocionó cuando le cité el tema sobrinos… Fue duro.
Allanar el terreno y reubicar las habitaciones me llevó otros dos días. Después comencé a levantar las cuatro paredes principales. Eso me llevó dos semanas. Creí que me moría cuando me dí cuenta que solo habían pasado 20 días desde la marcha de mi pequeña. Era un idiota, como no podía dormir, trabajaba, por lo que adelantaba el trabajo, por lo que me costaría menos acabar la casa. Debía buscar más distracciones.
Decidí tomarme un día libre de mi nuevo hobbie de albañil. En estos días había entrado en fase solo para ir a recoger materiales para la casa. Esta vez lo hice sólo por placer. Estuve todo el día en mi forma lobuna. Creí que sería buena idea cazar, pero eso me recordó a mi pequeña. Una voz resonó de repente en mi cabeza.
-Bienvenido, te echaba de menos en mi cabeza.
-Hola Seth…
-No estés mal, si quieres puedes arreglar algo en mi casa… así te entretienes…
-Muy amable… Pero quizá te haga caso y cuando termine la casa de Reich arregle la mía. No estaría mal que Billy tuviera una casa decente…
-Sí, es buena idea… -Le noté triste-.
-¿Tienes pulgas?
-Sí, bueno… -se reía-. Estoy pensando en no enamorarme nunca.
-¿Y eso? ¿No eras tú el que quería enamorarse de alguien a toda costa, sentir esa felicidad?
-Sí, bueno, pero ahora ya no… os veo, Jake, veo a mi hermana, como lo pasó con Sam. Con Ephraim es distinto, ella ni siquiera esperaba poderse imprimar, así que tampoco tiene gran prisa por que él crezca. Pero tú sufres, y mi madre sufre. Estoy viendo que hay más probabilidades de sufrir que de tener un final feliz. No sé…
-¿Tu madre sufre?
-Sí, bueno… Charlie no sale mucho últimamente. Está muy triste por la marcha de Bella y Nessie, así que trabaja más horas para poder ir los fines de semana. Eso supone menos horas para estar con él, y cuando viene de visita está cansado y triste. Me recuerda a ti.
-Me da igual lo que haga Charlie. No ha sido capaz de venir en todo un mes a ver a Billy.
-Lo sé, mi madre se lo ha reprochado, pero tiene miedo. Al igual que mi madre.
-Pero tu madre al menos va a hacerle compañía.
-Bueno, quizá deberías ir a hablar tú con él. Además, me dijo que tenía algo para ti.
-Me da igual.
-Alguien te ha dejado un regalo en su casa.

¿Un regalo en su casa? ¿Bella? ¿Nessie? No, mi pequeña no. Quizá Bella, o incluso Ed… no sé.

-Deberías ir…
-Iré a verle ahora mismo. Billy le echa de menos…
-Sí, si se lo dices es muy posible que vaya.
-Gracias Seth.
Fui a casa y salí de fase. Me puse algo de ropa y me fui directo a la comisaría. El coche patrulla de Charlie estaba aparcado en la puerta. Entré muy decidido, pero el tirillas de su ayudante me dijo que había ido con un compañero a una emergencia. Salí de la comisaría y me senté en la acera con resignación. Lo que menos me apetecía era esperar por tiempo indefinido, ya que eso me dejaba tiempo para pensar, y solo podía pensar en ella. Tenía ganas de llamarla, de escuchar su voz y su risa. Pero ella era joven, muy posiblemente ya casi no preguntaría por su tito Jake, por su lobito. Eso me consolaba, en parte, porque eso supondría que no sufría.
-¿Jacob? –la voz de Charlie interrumpió mis pensamientos-.
-Charlie…
-¿Qué… ha pasado algo?
-Depende… Algo ha pasado.
-¿Qué? ¿Billy está bien? –parecía muy asustado-.
-Sí, bueno… está algo mejor.
-¿Entonces?
-Quería hablar contigo… No sé cuales serán tus razones, pero me siento… me cabrea que hayas abandonado así a Billy. Él te echa de menos, debes ir a verle Charlie.
-Yo… lo siento… no sabía si él… no sé. Creía que estaba enfadado conmigo por lo de Sue, que no iba a entenderlo, además como le pasó eso… siento que por mi culpa tu padre esté enfermo. Por eso no voy a verle. No quiero hacerle sufrir más.
-¿De qué hablas? Charlie, él está contento por los dos. Sólo que sabe que ahora pasaréis menos tiempo juntos. El ataque al corazón fue por su enfermedad, no por un disgusto. El disgusto lo tiene ahora, porque Sue va a verle alguna vez y tú no.
-Charlie, debemos irnos, ha habido otra emergencia… -interrumpió un hombre algo contrariado. Me miraba como si fuera una amenaza para Charlie.
-Está bien, vamos.
-¡Charlie, espera! –se paró y se volvió-. Creo que deberías pasar hoy por casa. Eso alegraría mucho a Billy.
-Mejor… venir a cenar a casa. Hay partido, así que podemos verlo en la pantalla plana. Le diré a Sue que venga… cocina mejor que ninguno. Una noche en… familia –dijo dudoso-.
-Suena perfecto Charlie, noche en familia. –repetí su frase sin duda alguna-.

Me dirigí a casa, para informar a Billy de la cena y así librarnos por una noche del amor incondicional de mi hermana hacia ese espécimen que nos sacaba de quicio.
Me tumbe en la cama, esperando que se hiciera la hora. No tenía ganas de nada, solo de jugar con mi pequeña. Tenía que dejar de pensar en ella, ella seguro que ya era feliz. Me di cuenta de que mi cuarto parecía una zona catastrófica tras el paso de un huracán, así que comencé a recoger. A los cinco minutos me cansé y solo me apetecía ir a mi santuario. Cuando llegue a él, abrí el armario levemente para sentir su olor, cada vez más débil. Me fijé en que no había guardado la carpeta de dibujos y la cogí. Volví a casa, aún faltaban dos horas para la cena. Miré los dibujos.
Había dibujos de todos, Bella y Edward, el Doctor Colmillos y Esme, el forzudo y su Barbie, la sabelotodo-menos el futuro de los lobos y el tranquilizador… la manada. Un prado con un lobo rojizo, ese era yo, y una niña sonriente en su lomo. Un lobo bebiendo a orillas de un río con una niña tocándole la nuca. Un lobo rojizo tumbado en el césped con una niña durmiendo apoyada en su pata.
Siempre como lobo. Era como su gran peluche.
Había algunos más, encontré uno en el que salía con Bella y mi forma lobuna, de nuevo. Otro que salíamos los cuatro, Nessie, Bells, Edward y yo. Otro que salía ella con la Barbie y la vidente. Estaban muy guapas, aunque aquel dibujo no reflejaba toda la belleza de la pequeña. Comencé a colocar los dibujos por el techo.
Mi padre llamó a la puerta y entró, viéndome colocar los dibujos.
-Hacía años que no tenías dibujos en tu cuarto.
-Lo sé… -Los había quitado todos. Tenía dibujos de paisajes que pintaba mi madre, pero Billy se deprimía tanto cuando los miraba que los quité-.
-¿Aún guardas los otros?
-Sí, por supuesto.
-Bien… hay uno que… me gustaría enmarcar. El del prado de amapolas, con la cascada de fondo –sabía cual era, le encantaba a Reich-, me gustaría regalárselo para su casa, si no te importa.
-Me parece un regalo estupendo.

Billy entristeció levemente y se marchó. Terminé de decorar mi techo, y me tumbé en la cama mirando los dibujos. La conversación de Billy me hizo pensar en mi madre. Se estaría volviendo loca con todos estos cambios… No. Ella era comprensiva, dulce. Aunque se asustara al principio, acabaría comprendiendo todo. Ahora mismo me estaría consolando. En momentos así la echaba de menos.
Salí y ahí estaba Billy mirando por la ventana, con el mismo aire nostálgico que yo. Los dos la echábamos de menos.
-¿Quieres que vayamos a verla? Aún nos queda un rato para ir a casa de Charlie.
-No, da igual…
-¿Estás seguro?
-Seguro, iremos otro día.
-Mañana. Iremos mañana. Podemos preparar un picnic y comer allí. Seguro que a Reich también le apetece.
-Está bien, Jake, como quieras.

Me quedé unos minutos mirando a mi padre, que me ignoraba por completo para seguir mirando al infinito. Odiaba estos momentos. Él casi nunca estaba así, solo cuando pensaba en mamá. Reich llegó con su perrito, algo que me alegró. Le conté el plan para la mañana siguiente y ella se encargó de animar a Billy. Reich también la echaba de menos, pero lo llevaba mucho
mejor delante de Billy.
Se hizo la hora de irnos, así que dejamos a los tortolitos en casa.
Cuando llegamos Charlie salió para ayudar a Billy, y le dio un sentido abrazo. Se disculpó, le explicó porqué no iba, y los dos acabaron riendo de las estupideces que habían pensado, incluyéndose Sue. Seth no paraba de animar al equipo contrario mientras Leah ayudaba a Sue en la comida. Charlie y Billy se reían de Seth, porque su equipo iba perdiendo. Yo me dediqué a recordar todas las cosas que había vivido en esa casa. Las visitas a Bella cuando era humana, las visitas a Charlie cuando acompañaba a Bells y a Nessie… Nessie. Charlie me miraba de
reojo, cuando me dí cuenta cambié de expresión y el respondió con una mueca. Se acercó a mí.
-La echas de menos, ¿verdad?
-Sí, bastante… -ni se imaginaba cuánto-.
-¿Por qué no has ido a verla? No es la única que te echa de menos. A Bells también le gustaría que fueras.
¿Me echaba de menos? ¿También Bella? No, no podía ser.
-Será más fácil así, ellas… acabarán olvidándome.
-No lo creo. Bella… ya sabes lo tozuda que es. No se va a olvidar de ti… y mucho menos teniendo a Nessie hablando cada dos minutos de ti.
-Nessie… ¿habla de mí?
-Cada fin de semana me pregunta unas cien veces por qué no has ido aún. Eso me recuerda… Acompáñame. –Charlie se levantó y me hizo señas para que lo siguiera. Cuando salimos al jardín se paró delante de algo, cubierto por una lona-. Seguramente Billy me querrá matar, pero esa chica… Rosalie me da miedo. Me dijo que la guardara aquí y que te la diera. Quiere que vayas a verles, bueno, me dijo que era por Nessie. Esperaba que vinieras antes, así que espero que esté en buenas condiciones, la verdad, me hubiera gustado tener un garaje, una preciosidad así no se puede estropear… y eso que no me gustan… pero es una preciosidad.
Me hizo un gesto para que me acercara, así que me acerqué y la destapé. Ahí estaba, una preciosidad, ciertamente. Era una Honda Shadow Spirit, negra y con el asiento en color rojizo, parecido a mi pelaje. Una bestialidad.
-Esto… esto te lo dio la… ¿Rosalie? –me había quedado noqueado. Charlie se reía, notaba lo descolocado que estaba.
-Sí señor, yo también creía que te odiaba. Pero me recalcó muy mucho que era para que fueras a ver a Nessie…
-Es… Woo… es perfecta.
-Espera… -Charlie se metió en la casa y salió corriendo con algo en la mano-. Toma, esto es mío. –Era un casco, en negro y caoba, a juego con la moto-. A ella se le olvidó ese pequeño detalle… creo –dijo mientras reía-. Así que como no quiero que te rompas la cabeza…
-Gracias. Es genial. –Me dio el casco y las llaves de la moto-. Voy a probarla.
-Creo que deberías despedirte al menos de Billy… -me miró fijamente, intentando decirme algo con la mirada, como no lo capté agregó-. Si coges esa moto va a ser sólo porque vas a ver a mi nieta, así que al menos despídete de Billy.
-No, yo… mejor vengo a por ella mañana.
-No digas tonterías. No lo hagas por Billy, yo le llevaré a casa.
-Está bien. Voy a contárselo a él.

Entré corriendo en casa de Charlie, les conté lo del regalo. Todos salieron a ver la mega moto, gran detalle de la Barbie.
-Ten cuidado, y llama cuando llegues –se limitó a decir mi padre sabiendo mis intenciones-.
Entonces caí en la cuenta en que mañana habíamos hecho planes. Si iba a ver a mi pequeña, sería para un par de días al menos. No podía volver a fallar a mi padre.
-No, iré el fin de semana. Tenemos planes para mañana.

Mi padre intentó convencerme, pero necesitaba esa visita a mi madre tanto como él. Volvimos a casa y me pegué la noche pensando en qué le iba a decir a mi pequeña. ¿Sería capaz de entender mi razón para no haber ido antes? ¿Sería capaz de perdonarme? ¿Me arrancarían la cabeza los chupasangres por hacerla sufrir? Eso no me importaba, quizás lo mereciera.
Me dormí pensando en ella. Me desperté recordando la sonrisa de mi pequeña, esa que había puesto en mi sueño al verme llegar. No me importaban las caras del resto, los que en el sueño –y posiblemente también en la realidad- me querían asesinar. Sólo veía su sonrisa.

Acudimos a ese lugar, no tan bello como antes. Mis hermanas estuvieron años cuidándolo, pero nosotros no teníamos valor para venir a ver la tumba de mi madre. Billy se emocionó, y yo le cogí de la mano. Reich la cogió la otra. En seguida se puso a limpiar todas las malas hierbas y puso flores nuevas, limpiando los jarrones, algo que me recordó a mamá. Nos sentamos los tres frente a su tumba, y comenzamos a contarle cosas de nuestra nueva vida.
Reich le contó el periodo de universidad, que al volver se había enterado de todas la historias de los hombres lobo, y que se había imprimado con Paul. Yo le conté toda la historia de Bella, Edward y Nessie. Nos quedamos callados esperando a que Billy hablara.
-Ellos te han contado casi todo ya. Solo puedo decir que te echamos de menos, y que espero que estés tan orgullosa de ellos como lo estoy yo.

Reich y yo nos miramos, sonriendo. Mi padre no era un hombre de muchas palabras. Comimos allí, recordando anécdotas con mamá y alguna que otra nueva. Comimos y reímos, hacía años que no teníamos algo así. Me gustó.
Terminamos de comer y volvimos a casa tras despedirnos de mamá. Billy parecía feliz, cansado, pero feliz. No mostraba la nostalgia que tenía ayer. El viejo Uley apareció por casa y se llevó a Billy, que se despidió sugiriéndome estrenar la nueva moto.

Me fui a tumbar a la cama, viendo los dibujos de mi pequeña. No duré ni un minuto tumbado y salí corriendo para buscar mi moto, la moto que la Barbie me había regalado.
Charlie estaba llegando cuando me pilló saliendo de su casa con la moto. Me miró curioso y sonriente, mientras se acercaba.
-Ten mucho cuidado. Ya sabes lo que te pasó la última vez…
-Lo sé, lo sé…
-Llama a Billy cuando llegues, y que me avise. Y dales un beso enorme a mis pequeñas,
¿de acuerdo?
-Te lo prometo. Gracias por todo Charlie.

Puse en marcha la moto, que rugía con gran potencia. El viaje iba a ser entretenido, pero solo deseaba llegar para abrazar a mi pequeña.



Capítulo VII: La acampada. ₪ Alice POV.


Mi madre llegó desconsolada, nos contó lo que había pasado aquella noche, la petición de Jacob. No podía imaginar al perro gigantón llorando tan amargamente. Me partía el corazón, a mí y a todos. Bueno, menos a Rosalie, que seguramente no le importase mucho si no fuera por Nessie.
Me fui con Jasper a dar un paseo por la noche, pero el olor de hace unos días volvió. Me paré y lo pensé. ¿Noreste o Sureste? El camino hacia el sur desaparecía. Era ella, sin duda. Jasper me miró algo inquietado, había notado como me estaba asustando.
-Creo que debo hacer algo sola, vuelve a casa.
-¿Qué has visto?
-No es nada tontorrón, sólo una visita, a la que debo recibir yo sola. No creo que te vaya a necesitar para calmar a nadie, de verdad. Me gustaría que volvieras a casa.
-Está bien, si tú me lo pides…
-Luego nos vemos.

Le miré a los ojos y le besé en la mejilla. Era el hombre más maravilloso del mundo. Salió corriendo en dirección a la casa, y yo me dirigí hacia el sureste.

Oía un riachuelo y un respirar muy pesado. Ahí estaba ella, comiendo a duras penas un caribú. La verdad es que no tenía estilo alguno para comer, pero tampoco para otras cosas. Dejó su comida y me miró fijamente, respiró hondo y los pelos de la nuca se le erizaron.
-Creo que deberías salir de fase, debemos hablar.
Y en un segundo allí estaba Leah, completamente desnuda, delante de mí, manchada de la sangre del caribú. Se limpió con el antebrazo como pudo, pero solo pudo mirarme fijamente. No hablamos durante unos segundos, mirándonos fijamente intentando saber qué hacíamos allí.
-He visto que mi camino desaparecía en esta dirección. He pensado que estabas aquí por alguna razón, no se cual será… -comencé-. Pero me alegra que hayas vuelto, la manada te ha echado de menos, Seth y tu madre te han echado de menos…
-Ya, si, bueno… Solo vine para traer algo, así que no creo que me quede mucho más.
De repente tuve una visión. Emily en el bosque, paseando con Claire y Ephraim, de repente se anuló esa imagen. Era evidente, Leah iba a verlos.
-Creo que no deberías marcharte tan rápido. Han pasado muchas cosas, que quizá deberías saber. Tu madre sigue echándote de menos cada día. Ella y Charlie no han dado ningún paso, al menos todavía. Tu hermano ha tomado tu papel de beta, de momento, pero en cuanto vuelvas no creo que haya problema en que te lo ceda. Pero hay algo que si no estás advertida puede asombrarte y desequilibrarte –más aún… pensé-. Sam y Emily han tenido un hijo. Es un bebé precioso, crece rápido, pero es normal.

-¿Qué? –se quedó paralizada, miraba ausente de un lado a otro, intentando digerir mis palabras.- ¿Un hijo? –se sentó en el suelo y se acurrucó. Posiblemente le estaba dando un ataque de histeria o algo parecido… ¡genial!-. Bueno… es algo… es normal… para eso sirven las imprimaciones ¿no? –asentí-. Posiblemente, debería irme. Solo vine… bueno, realmente no sé porqué vine…
-Quizá es que ya era hora de volver. Puedes decir que vienes de visita, por si luego no quieres quedarte. Pero tu hermano se enterará de que has estado aquí, al igual que tu madre. Les destrozaría saber que has estado tan cerca de ellos y no has sido capaz de verles.
-No sé… no creo que deba, ellos…
-Te echan de menos –acabé su frase. Hay que ver lo cabezota que podía llegar a ser esta niña. Aunque, a decir verdad, no se si yo sería capaz de volver sabiendo el daño que he causado y que el hombre al que había amado ha tenido un hijo con mi prima… sí bueno, era algo complicado-. Al menos ve a ver a tu madre.
-¿Hay alguna otra novedad que deba saber?
-Bueno… de hecho sí. Creo que deberías volver, porque Jacob va a necesitar un apoyo…
-Jacob…
-Sí, aunque no lo parezca lo está pasando mal. Billy está enfermo, aunque ahora su vida ya no corre peligro se preocupa demasiado. A eso súmale que vamos a tener que irnos dentro de poco, y comprenderás porqué necesitamos que vuelvas…
-¿Necesitáis?
-Sí, aunque no sea algo natural… debo reconocer que ahora es parte de la familia. El sufrimiento de Jake se reflejará en Nessie… -no quería reconocer que en verdad me preocupaba por ese licántropo… era enemigo natural, pero también era adorable-. Deberías pensártelo dos veces antes de volver a salir corriendo.
-Lo haré. No puedo prometerte nada más. –Sus ojos estaban ahora vidriosos. Más aún que antes. Todo lo que acababa de contarle la había dañado, Ephraim, su madre, Seth, Jacob… La miré con compasión y eso le molestó. Comenzó a temblar y entró en fase, salió corriendo en dirección contraria a su casa…
-¡Genial! ¡Vuelve a huir! –grité.

No sé porqué razón pensé que volvería a casa gracias a mis palabras. Probablemente mi don ahora no era de mucha ayuda, leer mentes hubiera sido mucho más adecuado… Aunque por mucho que mi hermano lea mentes, nunca ha podido con Leah… me recuerda a veces a Bella, el razonamiento lógico no va con ellas, tienen su propia lógica aplastante. Sonreí. No debo pensar esto cerca de Ed, me arrancaría la cabeza si comparase a Leah con Bells… de hecho, debería arrancármela yo misma.
Decidí volver a casa, pensando ahora en Nahuel. Mis visiones sobre él me volvían loca, no estaban tan bien definidas como el resto. Me daban dolor de cabeza.
Seguramente Nahuel estaría ahora mismo cavilando distintas posibilidades, sus hermanas, los amigos que conoció en casa… nuestro hogar. Era la mejor elección sin duda alguna. Quizá Zafrina, se encariñó mucho con él durante ese periodo, pero nunca podría vivir allí, no aceptaban especímenes masculinos. Quería una familia de verdad… ¿su padre? ¡No! Ese científico loco no podría si quiera cuidar de él durante un mes, siempre planeando algún experimento entre especies. ¡Tarado!
-Pero gracias a él pudimos mostrar a los Vulturi lo que era Nessie…
-Ed, no vas a lograr asustarme nunca…
-Lo sé, tu don a veces es algo fastidioso…
-Al igual que el tuyo, hermanito, al igual que el tuyo…
-¿Se sabe ya una fecha exacta para la llegada de Nahuel? Sé que es muy complicado para ti, pero no se, alguna aproximación. Me gustaría prepararme.
-¿Prepararte?
-Sí, posiblemente se me haga muy duro tener a alguien más en la familia, teniendo en cuenta que viene a buscar una madre, como Bella y a una hermana, como Renesmee.
-¿Estás… -me empecé a reír, no pude evitarlo, si fuera posible seguramente se me abría desencajado la mandíbula-, estás celoso?
-No, celoso no es la palabra exacta…
-Hermanito… -dije entre risas-, no va a pasar nada, Bella seguirá siendo tu Bella, y Nessie seguirá siendo tu hija. No hay nada que lo pueda cambiar.

Me miró sonriente, no podía leer su mente, pero conocía esa mirada. Pude visionarlo claramente, iba a perder, él también lo vio, pero no pude resistirme y echamos a correr. Cuando llegamos, iba pisándole los talones, allí apareció mi amor. Sentado en las escaleras, con cara de póquer.
-Y yo pensando que te podía haber pasado algo…
-Jazz… tonto sobre protector… te preocupas demasiado a veces. Debes confiar más en mí.
-De normal lo haría, pero verla te ha causado tanta ansiedad como a mí, y no me digas que no… ¿qué ha pasado?
-Será mejor que entremos.

Reunimos a la familia en el comedor, allí les conté lo que había pasado. En ese momento intenté ver qué pasaría el día que partiéramos a Monroe, mi sobrinita… pero algo nubló mi visión, me comencé a sentir extraña, como el otro día. Mi visión tornaba a tonos blancos, podía ver como Jazz y Edward acudían a mi lado en milésimas de segundo, pero una fuerza extraña me invadió.
¿Ed? Puedes escucharme, lo sé… -él asintió- algo me arrastra como el otro día, es algo extraño. ¿Podrías llamar a Nessie? Creo que tiene que ver con ella.
Mi campo de visión se redujo, entonces todo se volvió blanco. Posiblemente Edward no podría ver mis pensamientos ahora mismo. Pero era muy extraño. Siempre pasaba cuando intentaba visionar el futuro de mi sobrina. ¡No! No era posible que ella me hiciera esto… Pero encajaba. Bella bloquea su mente, Edward las lee y ella puede mostrar lo que quiera, franqueando el muro de Bella inclusive. Es probable que su don descontrolado haya creado todo esto. ¿Es posible? Me sentía frustrada, me dolía la cabeza, pero dí con la clave. Sus poderes aumentaban con su edad, no era una habilidad nueva, era algo que ya tenía, en sus genes. Podía bloquear mis visiones, dificultosas de por sí por su naturaleza híbrida.
Algo cambió, de nuevo la imagen del prado volvió, mi sobrina me llamaba. Pero esta vez había algo distinto. Era ella, pero mayor, con un vestido de color azul cian, una cinta de raso alrededor de su cintura en rosa palo, a juego con la cinta de pelo y las sandalias. Estaba preciosa y sonriente, mirando una foto de Jacob. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, era su visión del futuro, no la real.
La imagen desapareció con un fogonazo, al igual que el otro día, dejándome extenuada y sin poder moverme. Edward me sonrió, señal de que me leía el pensamiento. Sonrió y asintió. Las imágenes que acababa de ver eran imposibles de recuperar con la misma nitidez, pero intenté mostrárselas y le conté mis teorías vía telepática. Miró a su hija y su mirada se tornó seria, preocupada. Le hacía aún menos gracia que a mí ver a Nessie sufrir. Me miró de nuevo y asintió.

Me recuperé al cabo de unos minutos, intentando no pensar en el futuro de mi sobrina, para no quedarme de nuevo bloqueada. Debatimos sobre el tema durante horas, sin llegar a ninguna conclusión. Ese poder era difícil de manejar, no había manera de poderlo controlar. Era una ciega respecto a los licántropos, y una tuerta con los híbridos, ya lo sabía, pero no había definición posible ante el nuevo poder descubierto en mi sobrina.

Pasaron dos semanas, el día en el que Nahuel acudiría a nosotros se acercaba. No más de dos días. Jacob había pasado el mayor número de minutos posibles con Nessie, incluso casi no dormía para no perderse esa visión. Miré el calendario, viernes. Posiblemente el domingo sería el último día que pasáramos en Forks.
Edward estaba inquieto, no le gustaba ver sufrir a Nessie, que estaba más inquieta cada día. No quería irse, pero sabía que debía hacerlo. Se levantó del sofá y se apoyó en el hombro de su padre, haciéndole un puchero.
-Papá, ¿te importa que vaya a mi escondite por un tiempo?
-Había pensado en ir de caza, ¿no te apetece?
-Gracias papi, pero preferiría estar sola por un tiempo.
-¿Sola? No sé si es buena idea cariño…
-Debo acostumbrarme. Es la mejor manera…
-Nessie, cielo –intervine-, en dos días nos iremos, ¿no preferirías pasar el mayor tiempo posible con Jake, Charlie y el resto?
-No se tía Alice…
-Mira, ¿qué te parece si hacemos una acampada? Podíamos ir de pesca con el abuelo, pasar el fin de semana todos juntos de acampada, ¿si? A tu abuelo le encantará la idea…
-Está bien… ¿Pero se puede organizar tan rápido?
-Nessie… -Edward se empezó a reír a carcajadas-, ¿aún no conoces a tu tía Alice?
Nessie se unió a sus risas. En otro momento me hubiera molestado que los dos se rieran a mi costa, pero me alegré de verlos reír así después de dos días de caras largas, así que lo dejé correr.
-En dos horas saldremos.
-Está bien tía… ¿Puedo irme esas dos horas fuera?
-Bueno, hora y media, quiero que vuelvas pronto para prepararte, ¿de acuerdo? –no quería que estuviera tanto tiempo sola…- Mejor, una hora.
-Estaré de vuelta en una hora.
Salió corriendo como un torbellino hacia su escondite favorito… aquella casa árbol en la que tantos momentos había pasado.

Al cabo de una hora y unas cuantas llamadas, conseguí librar a todos de sus planes de fin de semana para una acampada de despedida. Fue una tarde divertida, toda la familia, con Seth incluido, estuvimos viendo a Nessie y a Jacob cazar mientras Carlisle, Billy y Charlie se iban de pesca. Charlie no soportaría ver a su nieta mordiendo el cuello de un animal…
A la noche hicieron una fogata para cocinar el pescado, Nessie comió poco, ya se había alimentado antes, pero Jacob pareció haber salido de una semana de encierro… típico.
-Ness, cariño, mañana vendrás de pesca con tus abuelos, Carlisle y yo te hemos echado de menos… -dijo Charlie mirando de refilón a Jacob… no le hacía demasiada gracia que pasaran tanto tiempo juntos.
-Vale abuelo, pero no tengo caña de pescar, ni sé hacerlo. ¿Me enseñarás?
-Claro pequeña, de hecho… -Charlie se levantó y rebuscó por sus aparejos de pesca, sacó una caña pequeña, se acercó a Nessie y se la tendió-. Es la caña que le compré a tu madre cuando tenía… -se quedó callado, pensativo-, bueno, cuando era niña. Ahora es para ti.
-Gracias abuelo… -le abrazó-. Jacob, tenemos que cambiar nuestros planes, nada de ca…minar, iremos de pesca.
Charlie miró a Jacob con cara de enfado pero éste se limitó a sonreír a Nessie y a asentir.
En ese momento se puso muy rígido, se levantó de un salto. Olisqueé. Miré en dirección a Sue, que miraba a Charlie por el rabillo del ojo mientras hablaba con Billy. Ella estaba aquí.
Seth se envaró, se levantó y se puso frente a unos arbustos, con Jacob detrás. De repente, debajo de un vestido blanco inmaculado, apareció Leah. Sue se quedó paralizada, casi llorando. Seth apretó la mandíbula y los puños, encarándose con su hermana. Ella se limitó a bajar la mirada, intentando franquear a su hermano para ver a Sue. En ese momento Seth levantó el brazo, creo que todos pensamos que iba a darle un derechazo, pero se limitó a acercarla para darle un emotivo abrazo. Sue sonrió al ver la escena, bajó la mirada y comenzó a llorar. Charlie la abrazó y le besó en el pelo.
-Te dije que volvería… -la miró a los ojos y la ayudó a incorporarse mientras Seth se acercaba con Leah a la posición de Sue-. Me alegra que hayas vuelto.
-Y a mí –contestó Leah sonriente mientras miraba a su madre emocionada-. Siento la tardanza, debería haber vuelto antes…
-Lo importante es que has vuelto, cariño –Sue la abrazó-. Me da igual el motivo, pero me alegra que estés aquí –besó a su hija-. Debes contarme todo, con pelos y señales.
-Mañana mamá, mañana. Ahora solo me apetece teneros cerca, sin más.
-A nosotros y a ese pescadito… -dijo Seth riendo, seguido por el resto, Leah incluida.
-Te he echado mucho de menos enano –dijo mientras le despeinaba-. Veo que sigues la moda del corte a lo “alfa” mirando el pelo algo más largo de Seth, pero no tanto como el de Jacob.
-Me alegro de verte, Leah –dijo Jacob abrazándola-.

Leah nos contó historias de su viaje mientras comía con Seth y Sue a su lado. Ellos la miraban y sonreían constantemente y atendían con casi devoción a sus historias. Nessie la miraba, también emocionada, mientras se apoyaba en el hombro de Charlie. Muy disimuladamente, Jacob se ladeó para estar más cerca de Nessie, quien puso una mano sobre su cabellera.

El día de pesca se canceló para seguir escuchando historias de Leah, la cual empezaba a comportarse hosca, pero no tanto como antes de marcharse. Ahora había algo distinto en ella, nos hablaba con más cariño, incluso a nosotros. Sus desplantes tenían otro tono, antes era ira, ahora… no sabría explicarlo, el rey de las emociones era mi amado.
Mientras Leah nos contaba el viaje por California, donde varios chicos habían intentado ligar con ella, lo vi. Nahuel venía de camino, estaba en un hostal de Seattle dudando sobre qué dirección tomar. La visita a nuestra casa y la visita a su padre se cruzaban en su futuro, volviéndome loca. Todos me miraban expectantes, esperando mi explicación. Jasper me cogió de la mano y me sonrió, mientras sentía como fluía la calma a través de sus ojos.
-Sólo es nuestro invitado, aún no tiene muy claro que hará, pero si decide por venir, lo tendremos aquí mañana a la noche. –le susurré a Jasper mientras el resto miraban hacia otro lado. Había que guardar la compostura por Charlie, quien debió de pensar que me apetecía estar con Jasper en la intimidad. La sonrisa de mi hermano afirmó mi pensamiento.

Esa tarde Edward sugirió ir a un lago cercano, imagino que motivado por las ansias de pesca de su suegro. Cuando llegamos Charlie, Billy y Carlisle se dirigieron al espigón, ya que con Jacob, Seth y Leah haciendo el bruto en la orilla, iba a ser muy complicado pescar.
Nessie se acercó a la orilla y se sentó, observando a Jacob que acudió en seguida a buscarla.
-¿Vienes al agua pequeña?
-No, no me apetece mucho. Prefiero quedarme aquí, viendo como disfrutas con la manada.
-No puedo ir si no vienes. –Jacob se sentó al lado de Nessie, cogió una piedra y la lanzó, dándole a Leah en la cabeza. Esta le miró con muy mala cara pero en seguida sonrió.- Si quieres puedo enseñarte a lanzar así –le propuso a Nessie mientras se reían-.
-Me gustaría que estuviera aquí Claire y Ephraim. Lo pasarían bien.
-¿Quieres que vengan? –Nessie miró al horizonte haciendo un puchero. Jacob se levantó de un salto y desapareció entre los matorrales.
Edward suspiró al verlo y miró a Jasper, que me cogía de la mano.
-No me gusta verle así, Jazz, los dos están fatal. ¿No puedes hacer nada? –le pedí-.
-Algo así no es controlable, no es como un enfado o una desilusión, la separación les produce daño tan real como si fuera físico, algo que no puedo controlar. No paro de intentarlo sin conseguir nada, lo siento Edward, se que tú también te angustias al verlos así, pero… ojala pudiera hacer algo, de verdad.
-No importa Jazz, lo sé. –Ed cogió una mantita y se acercó a Nessie, le puso la manta sobre los hombros y se acercó a su oído. Agudicé el mío y Ed me sonrió viendo mis intenciones.- te prometo que sólo será temporal, como mucho un par de años, pero volveremos. No sé si podremos hacerlo todos juntos, pero no perderás de vista a Jacob.
-Pero me da miedo papá. Sé que soy su niñita favorita, sé que me quiere, pero con el tiempo se olvidará de mí…
-¿Crees que tú vas a olvidarle?
-No, eso nunca pasaría, él es mi Jacob, mi lobito.
-Te aseguro que él piensa lo mismo, siempre vas a ser su sobrinita, su niñita preferida.
-No es lo mismo, él se casará y tendrá niños, y yo seré entonces sólo un vago recuerdo. –Lágrimas cayeron por las rosadas mejillas de mi sobrina, cuando Jacob se volatilizó a su lado.
-¿Por qué lloras mi pequeña?, yo venía con visita y tuve que dejarlos atrás al sentir que algo andaba mal.
-Me entró tierra en los ojos. Pero ya saldrá. ¿Vienen Claire y Ephraim?
-Sí, así es.

Todos miramos a Leah, quien miró hacia la otra orilla del lago en el momento que oyó el nombre del nuevo miembro de la manada. El hijo del hombre al que amaba y de su prima. Seth se acercó y le puso una mano en el hombro. Agudicé de nuevo mi oído.
-No vuelvas a irte, por favor. Y menos ahora. Y menos por eso. Hace tiempo que debías haberlo asimilado. Afróntalo ahora que puedes, mira lo que es y olvida lo que nunca será.
-No… -Leah bajó la mirada y miró enfurecida a su hermano, o al menos lo intentó-. No vuelvas a darme consejos sobre algo de lo que ni siquiera has experimentado.
-Sólo sé que no quiero que te vayas, hermana, nada más. No huyas de nuevo.
-Ahora iré, voy a darme un baño.
-Leah…
-Ves, he dicho. Ahora iré, déjame mentalizarme. No voy a abandonaros de nuevo, pero necesito ver las cosas de distintos ángulos, y este lago ofrece muchos –dijo riendo-. Te lo prometo Seth.

Seth se acercó a la orilla alternando su mirada a Ed y a su hermana. Ed asintió y Seth se relajó.
Justo en ese momento percibí el olor a humano, y allí aparecieron Emily, Sam y Ephraim, también con Claire en brazos de Quil. Nessie corrió para abrazar a Claire y dar un beso en la cabecita de Ephraim. Noté como Sam se ponía tieso ante ese gesto espontáneo de mi sobrina, y sonrió al ver reír a su hijo. Pero Emily no se movió. Tenía su vista fija al lago.
-Ha vuelto… pero… ¿Cuándo?
-Lleva ya un par de días por aquí, si no me equivoco… -le dijo Sam-. No creí que volvería en verdad.
-Ninguno lo creíamos –le interrumpió Seth-. Guardaba muy bien las distancias, pero su olor es inconfundible. Creí que daría media vuelta, pero anoche apareció en la cena, sin más. No nos ha dado ninguna explicación, pero realmente creo que ni mi madre ni yo la queremos, sólo queremos que se quede.
-Es… lógico –dijo Emily mirándola con pena-. ¿Creéis que es correcto que lleguemos aquí así, de golpe? ¿Ella sabe que Ephraim existe?
-Sí –intervine-, yo misma se lo conté. La encontré hace unos días y le puse al corriente de todas las novedades. Imagino que si ha vuelto, es porque lo habrá pensado.
-Dadle tiempo –intervino Ed-. No creo que sea muy relajante que estemos a la expectativa de si viene a veros o no, eso la va a presionar más. Relajaros.

Mi marido intervino. Todos nos reímos al notar la entrada en escena de mi amado. Pero funcionó, todos nos desperdigamos a lo largo de la orilla. Sue se sentó con Esme hablando sobre los chicos, mientras ambas miraban embobadas hacia el espigón. Sam fue a unirse con ellos a la pesca, mientras Emily se unía al “club de las mamás” y Claire iba con Quil, Seth, Jacob y Nessie a jugar con las piedras.
Estuvimos así durante una larga hora, y Leah seguía nadando de un lado a otro. Pero Claire, se acerco a la orilla y se quedó quieta mirándola.
-Quil, ves a buscarla, quiero abrazarla.
-Pero pequeña…
-Por favor, Quil, hazme ese favor.
Quil rodó los ojos y se metió al agua para ir a buscar a Leah le dio alcance, le hizo su petición y se volvió. Leah siguió nadando, sin hacer caso a la petición de Quil, entonces Claire comenzó a llorar. Leah se giró y miró a la niña y comenzó a nadar a una gran velocidad hacia la niña. Quil enfureció y casi pega a Leah cuando salía del agua, casi, porque Jacob lo agarró. Leah se arrodilló frente a la pequeña Claire y le secó las lágrimas mientras la abrazaba.

-Perdona, creí que era una broma de Quil, perdona pequeña.
-Te hemos echado mucho de menos. ¿Por qué nos abandonaste?
-Porque… bueno… porque he sido una estúpida y me equivoqué, pero ahora he vuelto pequeña, me voy a quedar aquí, te lo prometo.
-No te vayas nunca más.
-No lo haré pequeña, no lo haré…

Emily se acercó, pero Leah negó con la cabeza. Emily se quedó quieta en el mismo sitio, mientras Sam acudía al lado de su mujer y Quil alejaba a la pequeña. Seth se acercó a su hermana, que estaba temblando y la abrazo. Jacob ayudó a Seth cogiéndola por el otro flanco, mientras tiraban de ella intentando alejarla. Emily dejó a Ephraim en los brazos de Sam y se acercó a Leah. La miraba fijamente a los ojos mientras se acercaba y gesticulaba con los labios “Lo siento. Siento tu sufrimiento” una y otra vez. Cuando llegó a su altura los temblores de Leah se hacían más fuertes y Ephraim comenzó a llorar.

Leah dejó de temblar. Ahora sólo sonreía.
-Él es… él…
-Mi hijo –dijo Sam con los ojos abiertos-. Nuestro hijo –dijo mientras miraba a Emily la que sonreía.-
-Es precioso. Es…
-¡Increíble! –interrumpió Seth-. ¿Todos vamos a pasar por esto?
-No, eso no es así, yo no… -Leah balbuceaba-.
-No puedes negarlo –dijo Ed-. No al menos en mi presencia. Aquí tienes la razón por la cual te sentías tan atraída a volver, por eso no podías huir. No era por Claire o por mi hija, era por él.

Todos nos quedamos muy tensos, pero mi amado manejó en seguida la situación. Leah se había imprimado del hijo de Sam. Al parecer las leyendas se cumplen con mayor frecuencia de lo que cabe esperar. Estuvimos en el lago hasta que los últimos rayos de sol alumbraban el cielo. Nos dirigimos cada uno a nuestra casa, añadiéndose a nuestra familia nuestra mascota personal.
Cuando llegamos Ed y Bells decidieron pasar la noche en la cabaña, iba a ser la última noche que estuvieran allí. Mañana Nahuel llegaría. El chucho se fue con ellos.

A la mañana siguiente vinieron a desayunar, toda la casa olía a chocolate y gofres, también había leche y zumos variados. Esme cocinaba siempre varios platos para Nessie, sabiendo que lo que ella no comiera acabaría en el estómago de Jacob. Cuando llegaron todos sonreían, todos menos Ed. Jacob y Nessie siguieron el rastro de olores hacia la cocina y Bella sonrió, le dio un beso a Ed en la mejilla y le sonrió, mientras él abría los ojos de par en par. No se acostumbraba a leer los pensamientos de su mujer. Se oía como Bella reía en la cocina mientras Jacob y Nessie engullían el desayuno.

-¿A qué hora llegará? –me preguntó mi hermano-.
-No lo sé exactamente, pero veo que estaremos llegando a Monroe por la noche.
-Si nos ves, quiere decir que Jacob se queda finalmente.
-Sí, así es. ¿Por qué esa cara tan larga?
-Lo dos sonríen por no hacer sufrir al otro. Nessie comenzó a llorar cuando llegaron a la casa. Le dijimos que durmiera pero no se quería separar de Jake, así que le pidió que durmiera con ella. Ninguno de los dos ha dormido más de media hora seguida, ambos han tenido pesadillas pero cuando se despertaban Jake siempre sonreía. Sabía que separarlos iba a hacerles daño, pero me está llegando a trastornar a mí. No sé como puedo arreglarlo Alice –en ese momento la voz de mi hermano se rompió por el dolor. Seguramente si fuera humano, estaría llorando-. No sé si Nessie lo soportará.
-Debemos irnos Ed, no hay otra solución. Hemos vivido separados, pero ahora Nessie es un vínculo que nos une demasiado. Carlisle y Esme, al igual que Bella no tendrán elección en el momento que Nahuel venga. Y yo creo que tampoco. Lo veo en mis visiones, está perdido, desorientado y muy asustado. Debemos ayudarle Ed, quizá sea un año duro para ellos, pero tendrán una eternidad de felicidad.
-Y todo eso…

-Compensará, hermano. Mírate a ti y a Bella, ambos estuvisteis mucho tiempo sufriendo, pero ahora todo es mucho más fácil. Si nos quedáramos y Nahuel no pudiera controlarse sería la guerra, lo sabes, y eso sí les haría sufrir de verdad.
-Tendremos que ayudar a Nahuel constantemente. Quiero que regresemos pronto, quiero que sufran lo menos posible.
-¿Sufran? ¿Ambos? ¿Has cogido cariño a ese chucho? –pregunté con cara irónica, intentando tomarle el pelo-.
-Como todos Alice, no olvides que veo vuestros pensamientos, y Nessie nos contagia el amor que siente por Jake…
En ese momento Rose entró a la cocina y se oyeron un centenar de besos muy seguidos, mientras comentaba lo guapa y mayor que estaba Nessie hoy.
-¿Incluso ella? –pregunté. No imaginaba a Rose teniéndole cariño al perrito.
-Incluso ella, a su manera…

Las horas pasaron, después de comer salimos al jardín para ver jugar a Emmett y a Jacob con Nessie. Jasper estaba sentado a mi lado, cogiéndome la mano pero moviéndose como si estuviera bateando también.
-Anda, ves con ellos.
-No, no quiero separarme de ti.
-Ves, o te arrepentirás. Sabes que va a ser de las últimas veces que puedas disfrutar así. Ves.
-Eres…
-La mejor, lo sé… -dije riendo. Él me sonrió y se lanzó a jugar con ellos.
Bella y Ed rodearon la casa para meter las maletas de la cabaña en los coches. No querían ver sufrir más a Jake y a Nessie. Bella se unió al partido, abrazando a Jake a cada oportunidad que tenía mientras mi hermano, que se sentó junto a mí, gruñía por lo bajito cada vez que los veía.

-No gruñas tanto, hermanito, sabes que lo hace porque pasarán días hasta que se vuelvan a ver.
-Por eso no me levanto de aquí, bueno y quizá porque Jazz lo entiende mejor que yo y me calma algo –dijo mientras mi amor nos miraba y sonreía-.
-Él también lo va a echar de menos…
-Al igual que Emmett… todos lo vamos a echar de menos. A toda la manada.
-¿Imaginas que cara hubiera puesto Ephraim Black si viera esto ahora?

Los dos intentamos imaginarlo y nos reímos a la vez intentando imaginar a un Jake envejecido y serio… esa imagen no cabía en nuestra cabeza. Pero las risas cesaron pronto, tan pronto como el aire nos trajo un efluvio conocido. Nessie soltó el bate y miró a Jake, quien puso cara de angustia. La despedida definitiva se acercaba. Nahuel apareció por el este, vestido con unos pantalones de pana marrones y una camisa blanca que resaltaba sus rasgos. Llevaba el pelo recogido en una trenza, como la última vez que lo vimos. Se quedó parado en los límites de el jardín, dudando.
-Bienvenido, Nahuel. Llevábamos días esperándote –le dijo mi hermano-. Ya conoces a todos, aunque debería volverte a presentar a Renesmee –dijo con una sonrisa-.
-¿La pequeña Nessie? ¡Cuánto ha crecido! -Se acercó a la niña y se puso de cuclillas, mirándola a los ojos-. Esperaba verte más grande, pero no tanto…
-Es que crezco muy rápido –dijo Nessie-. Como tú, ¿no es así?
-Bueno, yo ya no crezco, pero sí, crecí tan rápido como tú… solo que no lo recordaba tan acelerado –dijo mientras sonreía-. ¡Querida Alice! –dijo cuando nos acercábamos a su encuentro-. Me alegro de verte de nuevo.
-Y yo también. Aunque, ciertamente, los últimos días me has causado un ligero dolor de cabeza –dije con una mueca divertida-. Me alegro de que al fin te decidieras a venir. Pero debemos hablar de algo muy serio. Carlisle y Esme están en la casa, y Rose llegará en seguida. Será mejor que entremos.

Rose se había marchado nada más comer para hacer unas compras. Ed y yo reímos porque sabíamos qué iba a comprar, pero no el resto. El amor que sentía hacia Nessie le había llevado a hacer un gesto que ni de lejos nos hubiéramos esperado. Cuando llegó nos sentamos en la mesa mientras Nessie agarraba la mano de Jake.
-Papá… ¿podemos irnos nosotros? –dijo Nessie con cara de pena-.
-Sí, pero no tardéis demasiado.
-Lo prometo papi.

Bella le dio un gran abrazo a Jacob y un beso en la mejilla, al igual que a su hija. Ambos se marcharon por el jardín, posiblemente a la casa árbol.

Todos estábamos sentados en la mesa cuando Carlisle comenzó a hablar.
-Nahuel, sabemos la situación en la que te encuentras y queremos ayudarte, pero nosotros tenemos unas reglas, un tratado que debemos cumplir. Si quieres formar parte de la familia, debes acatar las mismas reglas que el resto.
-Supuse que me propondríais algo parecido. De hecho, llevo unos cuantos días alimentándome de depredadores, e incluso probé la comida humana, aunque no me entusiasmó demasiado.
-No sólo es nuestra dieta. Tenemos un tratado con la manada de La Push, el cual debes conocer. Aunque ahora se haya modificado, debes conocer toda la historia. Hemos decidido mudarnos, ya que aquí está la familia de Bella, interactuamos con humanos y eso te complicaría las cosas demasiado en tu abstinencia. Esta noche nos dirigiremos a Monroe.

Carlisle le contó la historia del tratado y las nuevas modificaciones realizadas por Jacob gracias a Nessie, como también le contó la situación que tendríamos en Monroe, la distribución de las nuevas familias, las relaciones que tendríamos cara a los humanos y el resto de la parafernalia: Carlisle trabajaría en el hospital, Edward haría medicina de nuevo, Emmett estudiaría Biología y Jasper Ciencias Políticas, mientras que Rose montaría una tienda de ropa y yo la ayudaría.

Edward también le explicó la historia de Nessie y la imprimación de Jacob, la cual Nessie no debía conocer aún.

Emmett trajo un camión de mudanza, había muebles que Esme quería conservar, además de los que Jacob había creado para el cuarto de Nessie. Reciclamos la cómoda, pero la cuna se había cambiado por una cama bastante grande, pero con los mismos grabados. También un armario grande, con un espejo dentro de la puerta y un escritorio con cajones. Todos los tiradores eran con forma de corazón. Los había escondido en su garaje para que le diéramos una sorpresa a Nessie.
Comenzamos a cargar el camión y los coches con las maletas, cuando de repente Ed se envaró y salió corriendo hacia el jardín, seguido del resto de la familia. Nessie venía corriendo, llorando y todos nos angustiamos. Ella nos mostró, ya que no podía hablar, la escena que acababa de vivir.
Se veía feliz jugando con Jacob, dando un paseo montada a lomos de un gigantesco lobo rojo. Se apoyaron en el tronco de la casa árbol cuando Jacob comenzó a roncar y ella se había quitado la chaquetita y se la había dejado al lado. Después acarició su espesa cabellera y corrió hasta casa.
Todos entristecimos, ella no quería despedirse de él, no podía. Quería evitarle el sufrimiento de la despedida.
Estábamos montando en el coche cuando la manada, a excepción de Jacob, apareció. Salimos con los coches y nos siguieron a modo de despedida hasta el límite de Forks. Se oyeron aullidos al unísono mientras veía a Nessie en el coche de delante mirando por la ventanilla con los ojos llenos de lágrimas.