TRAILER DE CIELO ESTRELLADO!!!!
Pero bueno este es un pequeño regalo que queria hacerle
a Silvy que creo que le a gustado mucho XD jeje
y espero que a vosotr@s os guste :D disfrutadlo :D

Seguía tumbada en la misma cama de la que apenas me levantaba, su cama. Ya no tenía obligaciones, las clases habían terminado y yo había podido volver a la casa en la que él quería que estuviera. De algún modo notaba su esencia en la casa, aunque Seth me mostrara que la forma de su cuerpo era más parecida a Taha Aki que al propio Jacob.
La luz comenzaba a salir y a ocultar el cielo estrellado mientras mi madre me acariciaba el pelo intentando transmitirme algo de fuerza que no encontraba por ningún sitio y viendo a mi padre derrocharla paseando de un lado a otro de la habitación.
Llevábamos allí una semana, al menos creo que pasó una semana desde la última vez que fuimos de caza. Charlie había venido junto a Sue, la cual me hablaba de cómo entendía mi dolor, me traía mis comidas favoritas junto a Esme. La nevera había acumulado montañas y montañas de comida que apenas probaba. Cualquier intento por parte de mi familia o de mis amigos por sacarme de la cama era en vano, a excepción de una salida de caza semanal por miedo a dañar a algunos de mis visitantes humanos. Incluso Ryan, Kevin, Casandra y Wanda habían venido a visitarme por petición de Darlene.
Me dolía en el alma ver que ella intentaba como toda mi familia y la manada, hacerme sentir mejor, pero sólo me hundía más al comprobar que mi existencia hacía infelices al resto. 
El móvil de mi madre sonó con la melodía que yo hacía tiempo le había puesto especial para Darlene, una canción de su cantante favorita, Anastacia. Gruñí al reconocer la canción que hablaba del amor correspondido… Made for lovin’ you.
Mi padre se volvió a mirar algo que pasó a toda velocidad por el jardín, lo cual reconocí como a mi abuelo corriendo. Mi padre frunció su ceño y salió disparado tras él, dejándome a solas con mi madre que tenía una cara de pánico que me asustó.
Creo que era la primera vez que usaba una velocidad más alta de lo normal para hacer cualquier cosa desde que él se fue. No había querido volver a correr desde entonces. Tomé el rostro de mi madre intentando desbloquear su escudo, pero fue más rápida y se separó de mí.
-Quédate aquí, debo hablar con tu padre.
-¿Qué pasa? –La seguí hasta el pasillo donde me mandó de nuevo al cuarto con el brazo-. ¿No se supone que queríais que me levantara?
-Ahora no.
-¿Qué ha cambiado?
-No me hagas llamar a tus tíos para que hagan de niñera…
-¡Tarde! –Emmett me sonrió desde la puerta de mi balcón-. Ahora que al fin hemos logrado que te levantes, ¿por qué no echamos una partidita?
-¿Qué? –Miré a mi madre que pasó del pánico a la sonrisa en un par de segundos. Me pareció una reacción demasiado lenta, pero era algo probable-. ¿Sólo era por eso? ¿No pasa nada?
-Ness… ¡vamos! –Miré a mi madre mientras Emmett se acercaba, algo iba mal, ella no sabía mentir-. ¿Quieres saber qué pasa? –Miré a los ojos de Emmett que ahora estaban serios y asentí-. Debemos volver a Monroe.
-El abuelo corría en dirección contraria.
-El abuelo ha ido a hacer otra cosa, pero Alice nos necesita a ti y a mí en Monroe.
Mi móvil sonó y lo cogí al momento, Alice parecía gimotear en el otro lado de la línea.
-¡Ness! ¿Puedes venir de compras con tu tía? –Alice gimoteaba de un modo que me pareció real-. Haz que tu padre venga contigo, le necesito aquí también… y a tu madre.
-¿Qué pasa?
-Jasper se ha ido, Charlotte le ha llamado y Esme y Carlisle van a intentar hablar con él, pero Edward, Bella, Emmett, Rose y tú debéis volver, se sentirá incómodo si no estuviera a solas con Carlisle y Esme.
-¿Cómo que se ha ido?
-¡Se ha ido! –Gritó-. No lo sé, necesito que vengáis, por favor…
-Espérame en tu casa…
Bajé corriendo, mi tía Alice nunca había sonado tan abatida. Mamá fue en busca de mi padre y Emmett y yo fuimos a recoger a Rose. Pisé a fondo el pedal, hasta un punto que me dio miedo romperlo así que me sosegué. Emmett y Rose me seguían con el Mercedes a apenas cien metros de distancia. Podía verles hablar estresados y preocupados, me preguntaba cual sería el motivo por el que Jasper podría haber huido con Charlotte… mi mente comenzó a divagar con algún problema amoroso, pero no podía imaginar a Jasper lejos de Alice de ningún modo, más probable sería por una batalla. Pero Alice sólo había mencionado a Charlotte, no a Peter… ¿Una batalla entre la pareja?
Quizá ellos habían discutido y Jasper intentaría mediar… pero entonces no podía comprender la desesperación de Alice ni qué demonios tenía que ver en todo esto Carlisle y Esme.
Cuando me di cuenta estaba entrando en Monroe, miré el reloj y recé porque ningún radar hubiera saltado a mi paso, había llegado en menos de tres horas a casa de mi abuela. Bajé corriendo del coche y entré a la casa para ver a la pareja dándose un arrumaco en el sofá.
-¡¿Qué demonios?!
-¡Nessie! –Alice se incorporó arreglando su blusa e invitándome a sentarme en el sofá contiguo-. Gracias por venir tan rápido… pero ha sido una falsa alarma…
-¿Una falsa alarma? ¿Tú sabes el susto que me has dado?
-Perdona… ¡Te recompensaré! ¡Vámonos de compras!
-No Alice… solo quiero volver a casa…
-Cariño… -Rose me abrazó-. Ésta es tu casa también, ¿por qué no pasas unos días aquí para despejarte?
-¡Vamos de caza! –Alice me cogió antes de que pudiera hablar y me sacó al jardín-. Seguro que hace días que no vas, será divertido, lo prometo… te dejaremos cazar lo que quieras…
No sé cómo, pero me engañaron para que les siguiera el juego y me uní a la caza, aunque ellos parecían bien alimentados, seguramente lo hacían por mí. Jasper me ayudó a animarme ligeramente, aunque mis ánimos podían reflejarse en mi velocidad, completamente humana.
Atacaba a mis presas lanzando ramas que previamente había afilado con mis dientes, no tenía ganas de correr detrás de ellos. El ansia por beber era completamente inexistente, sólo tragaba por puro instinto.
Volvimos a casa y me acurruqué en uno de los sofás, dejándome llevar por el cansancio producido por la adrenalina, el viaje y la caza. Miles de imágenes de lo que acababa de suceder se hilaron y me desperté sobresaltada en plena noche.
-¿Y mi madre?
-Al final se han quedado allí… -Alice me miraba cautelosa-. Edward se enteró de que era una falsa alarma y se evitaron el viaje…
-¡Alice! –me levanté furiosa-. ¿Qué le ha pasado a Darlene? Fue ella la que llamó a mi madre, no tú, ni Jasper, ni nadie de la familia. El tono de llamada era el que yo le puse…
-Yo… -Alice miró a mis tíos, todos estáticos. Comencé a temer lo peor hasta que Jasper me aferró por los hombros y me calmó. Alice hizo una mueca y me sentó en el sofá frente a ella-. Ella está bien.
-¿Entonces?
-Es por algo que han encontrado. Ella y Seth paseaban por la playa y la vi desaparecer, no le di mayor importancia puesto que iba con Seth… pero luego te vi desaparecer a ti y a Carlisle y pude oír la llamada de tu padre a Jasper. Iban a necesitarle de inmediato cuando conocieras la noticia.
-Alice… -Jasper posó sus manos en mis hombros y me miró preocupado. Miré a Alice de nuevo-. Tengo claro que algo malo ha pasado, podré soportarlo, pero odio esta tensión.
-No es nada malo, al menos no a largo plazo. Eso creo.
-¿Eso crees? –Capté su tono y lo entendí-. ¿Qué va a pasar con la manada? –Alice miraba al resto, que se habían agolpado a mi alrededor-. ¡Decidlo ya! ¡Volveré a luchar si es necesario!
-No habrá luchas Nessie… al menos no ahora. Pero tiene que ver con la batalla… -Me miró con temor-. No sé cómo, no sé porqué, ni siquiera puedo entender que eso haya podido suceder…
-¡Alice!
-Darlene… -Emmett me miró y tomó mi rostro-. Darlene y Seth han encontrado a Jacob.
Una descarga se apoderó de mi cuerpo, haciendo que Jasper me soltara en el acto, un nubarrón de pena y angustia me invadió, pero de algún recóndito lugar de mi cuerpo me invadió el consuelo.
-Debo llamar a sus hermanas, ellas querían hacer un funeral… ahora tienen algo que enterrar… habrá que avisarlas para que lo preparen en el prado, seguro que a él le gustaría estar allí con sus padres…
-No Ness… -Alice me miró pasmada-. Le han encontrado.
-Eso… eso. Eso es imposible Alice –una congoja me invadió y las lágrimas salían sin esfuerzo por mis ojos-. Él… él…
-No sabemos cómo, pero él está vivo.
-Tengo… tengo… -me aferré llorando a ellos para levantarme y di un par de vueltas perdida buscando algo que no sabía qué era. Vi las llaves en la mesa y las cogí para intentar terminar mi frase-. Tengo que volver, no… no puedo… no puede ser. Si es así, tengo que… tengo que verle, yo…
-¡Nessie! –Emmett me aferró por la espalda haciendo una fuerte presa que no me dejaría caer. Sollocé sin saber muy bien porqué-. Nessie, tranquilízate…
-¡Nessie! –Jasper me tomó del rostro y me miró fijamente, pude intuir que estaba haciendo uno de los mayores esfuerzos que había hecho nunca hasta que me calmé relativamente-. Por esto me necesitabas.
-¡Nessie! –Alice me miró preocupada, mientras Rose se apoyaba en su hombro-. Está bien, Carlisle ha tenido que ir para curarle, él mismo ha dicho que no quería que estuvieras allí ahora, debes esperar a que llame.
-¿Ha hablado?
-Sí, con Darlene –Emmett relajó la presa pero sin soltarme-. Seth llamó a Carlisle y le dijo que impidiera que tú llegaras antes que él, que él mismo había pedido eso. Quiere que esperes a que esté presentable… -parecía sonreír- ya sabes.
-Debo ir ahora…
Hice la mayor fuerza que pude soltándome de la aflojada presa de mi tío y escapando de sus agarres, me monté en el coche, corriendo como hacía tiempo no hacía mientras los veía montar en el coche de al lado para seguirme. Me adelantaron intentando hacerme frenar en varias ocasiones, hasta que Emmett saltó de su coche al mío y me echó del asiento del piloto. Frenó derrapando y entrando a una vía que llevaba a Sequim. Ninguno dijo nada hasta que el coche paró.
-Si vas a ir primero debes calmarte… -me miró serio y lo pensé mientras intentaba serenarme-. Y segundo, necesitas una buena ducha y una sesión con tus tías… -parecía ahora mofarse-. No creo que le apetezca besarte si te ve con esas pintas que me llevas de fantasma…
Le gruñí y pareció intentar parar su risa, pero mi gruñido no le debió impactar lo suficiente, porque en cuento bajé la vista avergonzada comenzó a reír.
-Él seguramente diría que estarías guapa de todas maneras… -puso una mano en mi rodilla reclamando mi atención- que lo estás. Pero creo que si te viera así sufriría por ver que tu has estado pasándolo mal… ¿no crees?
-Pararemos en la mansión. Llamad para avisar de que llegaremos en dos horas.
-¡A sus órdenes! –Emmett hizo un saludo militar y bajó corriendo del coche para volver al medio minuto-. ¡Ah, ah! –Quitó mi mano del contacto-. Conduzco yo…
Emmett me daba manotazos al verme morderme las uñas. Nunca lo había hecho, pero esta era una ocasión realmente estresante y ni siquiera Vanesa sabría manejarla. Emmett resopló al décimo octavo manotazo, abriendo seguido la guantera y sacando uno de los maletines. Puso un CD sin mirar a la carretera mientras lo hacía, algo que me impresionó pues mi coche no se ladeó ni un centímetro.
Recordé el CD, el que me había grabado él para el día de San Valentín. Pasó las canciones y puso una directamente, mirándome mientras comenzaba a reírse a carcajadas.
Le miré mal al escuchar atenta la letra de Bubbly, mientras él seguía riendo y movía la nariz como había visto a hacer a la actriz de la película de embrujada. No pude evitar reír ante eso y sentir unas mariposas revolotear por mi estómago.
-¿Qué le digo?
-No lo sé…
-¿Qué debo hacer?
-No lo sé… -me miró apenado-. Lo sabrás cuando estés allí.
Paramos en casa de mis abuelos, haciendo que Alice y Rose me interceptaran antes de salir huyendo. Me llevaron al baño donde me duché a velocidad de rayo, Rose me arregló el pelo mientras Alice aparecía con un vestido. Comencé a gruñir y salí corriendo en busca de unos vaqueros y una camiseta normal, no pensaba ir maquillada y peinada para una gala, sólo quería verle y punto. Salté por la ventana del cuarto de Alice y comencé a correr de nuevo a toda velocidad. Mi padre me interceptó como si fuera un balón de rugby y me llevó al taller.
-Toma… -me entregó mi conjunto de verónicas tallado en madera, el cual me había dejado en su mesilla. Me guiño un ojo y se puso serio-. Ahora no está despierto, y ha estado durante horas sufriendo, ya que Carlisle ha tenido que romper de nuevo los huesos y colocarlos rectos…
-¿Rectos?
-Es mejor que no preguntes…
-Siento haberte enviado lejos… -Darlene apareció con una mueca por la puerta del taller, seguida por Seth que tenía una mueca casi idéntica-. Pero realmente no hubiera ayudado que lo vieras así y él me obligó a avisar a tu madre antes que a ti…
-Ya sabes cómo es… -Seth inspiró-. Hemos tenido que doparlo bastante, hasta límites insospechados… tu abuelo estaba alucinando… está enorme, sigue igual que siempre, como si todos estos meses no hubieran pasado…
-Al menos ahora… -Darlene hizo una mueca que me produjo una sensación de dolor instantánea, replicada por Seth a la perfección-. Tu abuelo cree que despertará en media hora…
-¿Lista? –Mi padre me miro con cautela mientras asentía asustada-. No es para tanto… ahora. ¡Vamos! Sé que te mueres por verle…
Mi madre esperaba en la puerta apenada, seguramente pensando que estaba enfadada con ella. Me apoyé en sus brazos para subir las escaleras y mostrarle que no era así.
Mi abuelo bajaba por las escaleras mientras mi abuela esperaba sentada en el sofá. Me miraron con cautela y me dirigí a las escaleras.
-Procura que no se mueva, al menos en un par de días…
Asentí y subí con miedo, abriendo la puerta que mi abuelo había vuelto al salir. Mi corazón se paro y latió rápido en menos de medio segundo. Estaba casi tal y como lo recordaba, obviando los yesos y hierros que tenía. Me acerqué a él y acaricié su mano. El calor era el mismo. Posé mis labios levemente en su frente y le miré, nunca había visto nada más bello en mi vida, de eso estaba segura.
La luz del amanecer comenzaba a posarse en sus ojos, por lo que cerré la ventana ligeramente para que la luz no le molestase. Me senté en una silla que mi madre había subido cuando era yo la que estaba en esa cama.
Mi abuelo subía cada hora y le administraba una dosis de morfina, algo que me alegraba y me disgustaba a la vez. Me alegraba porque así él no sentiría nada y estaba segura de que mi abuelo se lo administraba porque debía de estar sufriendo. Me disgustaba porque no veía el momento en que abriera los ojos y me hablara, o simplemente me mirara.
Mi abuela me subía comida, al igual que mi madre. Dormí en aquella silla durante dos días, pequeñas cabezadas que apenas duraban cinco minutos y que me permitían no separarme de él.
Mi abuelo me zarandeó ligeramente.
-Cariño… tu abuela te ha preparado el desayuno… -miré confusa alrededor y le observé, estaba en la misma posición-. No ha despertado y ahora voy a administrarle una dosis mayor para quitarle todos los hierros… no va a ser agradable y él no querría que estuvieras presente. Baja a desayunar y te prometo que cuando hayas acabado te dejaré pasar…
Torcí el gesto y acaricié levemente su mano, mostrándole que solo iba a ir a comer mientras besaba su frente. Bajé desganada mientras mi abuela y mi madre me ayudaban a bajar las escaleras, me había debilitado mucho el no dormir en condiciones. Mi padre veía las noticias sin mucha curiosidad, me senté a su lado mientras mi madre me traía un plato con tostadas de mermelada de mora y mi abuela un zumo de arándanos. Los cuatro miramos la tele hasta que me fijé en el día. Diecisiete de julio. Hacía ahora un año que había decidido salir de Volterra, y cumplían tres días del letargo inducido de Jake.
Terminé mis tostadas a la fuerza, no tenía demasiada hambre por lo que me costó el doble de tiempo comer. Mi padre relajó su postura y murmuró algo, parecía pensativo. Me levanté y comencé a subir las escaleras cuando mi abuelo salía sonriente de la habitación. Me guiñó un ojo y algo en su sonrisa me dijo que debía correr.
Me asomé a la habitación emocionada, mientras los ojos de Jake me miraban y su sonrisa se dibujaba para mí. Mi abuelo había quitado los hierros y yesos cambiándolos por apenas un par de vendas, lo que hacía parecer que no estaba tan mal como antes… Una venda rodeaba su torso, fijando a la vez su brazo izquierdo al mismo del cual salía el tubo del gotero, mientras su pierna derecha estaba vendada desde los dedos hasta más arriba de su pantalón corto.
-¡Pequeña! –su ronca voz me sorprendió-.
Sonreí pero tapé mi sonrisa con mi mano evitando emitir algún sonido y asustarle. Me miró sonriente y me tendió su brazo derecho. Me aferré al marco de la puerta para traspasarlo con dos pequeños pasos, mientras él seguía sonriendo. Una vez dentro de la habitación, corrí y salté sobre su cama.
-¡Ay! –se quejó abrazándome y llevándome a su pecho mientras reía. Me aferré a él para olerle, para sentir su corazón latir, comprobar que era real, que él estaba aquí. Su mano derecha ligeramente vendada pasó por mi pelo acercando mi cabeza a sus labios. Pude notar su dulce beso en mi cabeza y comencé a llorar-. ¡Ey! ¿Qué pasa? –Intentó captar mi atención moviéndose bajo mi peso así que le miré-. ¿Tan poco te alegras de verme?
-¡Jake! –la risa y el sollozo se mezclaron mientras mi rostro buscaba consuelo en su pecho. Su brazo cálida y dulcemente me aferraba a él-. ¡Te quiero!
-Lo sé… y yo a ti, pequeña… -su mano apartaba mi pelo de la cara-. No llores… ¿por qué lloras?
-¿Y qué quieres que haga?
-No lo sé… -sonreía y limpiaba mis lágrimas a la vez-. Pero no llores más…
-Lo intentaré… -me abracé de nuevo a él sintiendo cómo inspiraba el olor de mi pelo, imitando el gesto que yo hacía inspirando el olor que emanaba de su pecho-. Te he echado tanto de menos…
-Tranquila… no llores más…
Su mano acariciaba mi espalda y me hacía sentir bien, me hacía sentir en casa de nuevo. Mi abuelo subió un par de veces para comprobar su estado, único momento en el que me separaba de su abrazo para volver a tumbarme a su lado cuando mi abuelo terminaba. La luz del día se tornó tenue, dando paso a la puesta de sol que vimos tumbados desde la cama. Apenas hablamos, simplemente estuvimos abrazados durante todo el día.
Mi madre subía de vez en cuando junto a mi padre para preguntar cómo se encontraba Jake, que respondía con una sonrisa que no podía sentirse mejor.
Mi abuelo subió para hacer la última comprobación junto a mi abuela y se despidieron prometiéndome que no eran necesarias más comprobaciones, que ya estaba bien, sólo necesitaba reposar un día más.
Poco después comencé a notar el cansancio y mis ojos se cerraron. Noté medio dormida cómo mi padre intentaba separarme y Jake se removía, posiblemente también medio dormido.
-No, déjala por favor…
-Está bien… sólo lo hacía para que descansaras… tenerla sobre tus costillas no ayudará a que suelden bien…
-No importa… prefiero eso a no poderla sentir cerca.
-Os ayudaremos a reconstruir el templo, quiero demostrar mi agradecimiento a tus ancestros, a Taha Aki y a los demás, que han permitido que regreses…
-Edward… -la voz de mamá sonó cercana y me pareció sentir sus labios en mi pelo-. Ya hablaréis de eso… ahora déjalos descansar…
-Toma, está aquí… ella no lo ha visto y ni Darlene ni ella le han dicho nada. Estoy seguro de que le gustará… no te preocupes por eso, Alice y Rose se encargarán…
-Gracias.
-Vamos… -mamá refunfuñaba-. Déjalos.
-Descansad…
Con aquella surrealista conversación me mecí en un profundo sueño, sin pesadillas ahora y sin ningún miedo a despertar sola, pues incluso en mis sueños podía notar su presencia conmigo.
Un roce frío me despertó, pude ver a mi abuelo sonreír mientras Jake torcía el gesto.
-No queríamos despertarte… -mi abuelo sonrió y miró fugazmente a Jake- pero estabas encima del vendaje…
-¿Ya estás bien? –le miré y mi abuelo asintió-.
-Pero necesita descansar un poco más… -mi abuelo alzó las cejas con expresión divertida-. Nada de levantarse de la cama, jovencito…
-Usted manda Doctor Col… Cullen.
Mi abuelo sonrió negando y terminó de quitar su última venda, inyectando un líquido en el gotero antes de quitarlo.
-Así seguro que descansas… -mi abuelo me guiñó un ojo-. Cuando despiertes será mejor que comas algo, dulce a poder ser…
-Entiendo… -dije riendo mientras saltaba de la cama directa a la cocina-.
Comencé a preparar una jarra de leche, fruta y unos gofres con chocolate. Mi abuelo me besó y me dijo que era una buena enfermera, mientras sonreía y se marchaba tarareando la estúpida canción que Emmett había puesto en el coche. Torcí el gesto al imaginar lo que todos habrían pensado al escuchar a Emmett contar la historia a su manera… seguro que había incluido algún tonto detalle…
Suspiré y seguí cocinando por lo que me pareció media hora, preparé la bandeja y cuando subía pude escucharle balbucear mi nombre. Sonreí y lo encontré asustado incorporado en la cama, por lo que corrí a dejar la bandeja en la mesilla y a abrazarle.
-Estoy aquí…
-Vale… -me miró asustado mientras acariciaba mi rostro con sus dos manos-. Pensé que te habías ido… he tenido un sueño…
-Pero estoy aquí… -Él me acarició de nuevo y sonrió, besándome lentamente. Saboreé el beso y le tumbé en la cama mientras lo hacía-. Me encantan tus besos…
-¿De verdad? –Murmuró contra mi mejilla mientras mis labios buscaban su cuello-. No estoy muy seguro… tengo algunas dudas…
Me separé con gesto ofendido mientras él sonreía. Le besé de nuevo mientras él acariciaba mi espalda, notando sus cálidos labios captar los míos en una cálida y dulce presa mientras mi lengua pedía peso a través de sus labios, los cuales facilitaron su paso con una sonrisa. Sus manos bajaron a mi cadera y me posó sobre su cuerpo, mientras mis piernas buscaban la comodidad una a cada lado de su cadera.
Sus manos ascendieron por mi cintura intentando despojarme de mi camiseta, algo que me hizo reír con esa tonta risa mientras él sonreía y se alejaba momentáneamente de mí para arrojar la camiseta al suelo. Acaricié su pelo y le besé de nuevo, momento en el que él aprovechó para rodar y posarse a mi lado, besándome y acariciando mi vientre mientras mis piernas hacían presa en su cuerpo.
Me separé ligeramente para mirar su sonrisa. Sus ojos se posaron ahora en su mano derecha, que acariciaba el contorno de mi cintura ascendiendo después por mi brazo para aferrar mi mano. Le besé sin previo aviso y su mano deshizo el recorrido para que su cuerpo rodase un poco más y se colocara sobre mí. Mis manos acariciaron avariciosas su espalda, trazando con mis dedos el contorno de sus músculos, mientras mi boca buscaba su cuello y la suya el mío.
Rodé sobre él y me incorporé, sabiendo bien que tenía la posibilidad ahora de acabar lo que una promesa estúpida impidió que termináramos nuestra última noche. Ahora él me miraba serio mientras sus manos cálidas rozaban mi cintura. Me estremecí ligeramente ante su tacto y cerré los ojos mientras inspiraba y suspiraba lentamente. Abrí los ojos y le miré sonriéndome, sacando tímidamente su lengua, la cual capté con mis labios.
Pude comprobar que era eso lo que buscaba, besarme de nuevo hasta que ambos dejáramos fluir la pasión y perdiéramos la noción del tiempo y el control.
Le dejé creer que iba a conseguirlo, dejé que rodase para ponerse de nuevo sobre mí, volví a hacer presa con mis piernas y sus caderas, mientras sus manos y las mías jugaban a recorrer la espalda y el torso del otro. Podía notar que su pasión aumentaba, su respiración era más frenética en mi cuello, a la vez que la mía en el suyo. Sus labios recorrían mi cuello de manera suave y delicada lo que comenzó a hacerme perder el control a mí.
Rodé y me puse sobre él de nuevo, pero su abrazo no dejó que me separara todo lo que debería haberme separado. Su mirada me traspasó de tal modo que no pude más que volver a besarle, mientras sus manos descendían de mi espalda a mis caderas. Me levanté en el momento en que sus dedos rozaron mi pantalón. Retiró sus manos suavemente con una sonrisa y las posó en mi cintura.
-Jake…
-No es sólo culpa mía… -alzó las cejas y se incorporó para besarme el cuello riendo. Me encantó verlo tan feliz-. Voy a decirle a tu abuelo que te encierre… -reía mientras besaba mi cuello-. Eres toda una tentación para licántropos recién resucitados… -Me quedé parada y sonreí suspirando… tenía su gracia aunque en parte dolía-. ¿Qué?
-No es gracioso Jake…
-Ahora sí… -dijo besando mi traquea-. Ahora que estás tú conmigo, que yo estoy contigo… lo demás me da igual…
-Pero a mi no… -susurré mientras ronroneaba-. Mi abuelo ha dicho que debes descansar… no debes levantarte de la cama… lo has oído como yo…
-Por eso… ya he descansado -besó mi cuello y susurró-. Y no pensaba levantarme de la cama…
-¡Jake! –retiré mi cabeza hacia detrás, riendo mientras él se alejaba y se tumbaba de nuevo, dejándome sentada sobre él mientras me dedicaba la sonrisa más sexy del mundo-. No me lo pongas más difícil…
-Vale… -dijo riendo mientras acariciaba mi cintura-. Seré bueno… -subió por mi escote acariciando mi cuello y levantando ligeramente mi cara-. ¡Lo prometo! –en ese momento pellizcó mi nariz y me besó en el estómago. Haciéndome caer hacia atrás con él sobre mi vientre-.
-A veces me entran ganas de odiarte…
-¿Ahora? –Asentí riendo-. ¡Vaya! –Chascó la lengua y me besó tiernamente en la mandíbula-. Yo tenía ganas de amarte por encima de todo ahora mismo…
-¡Jake! –Estiré el cuello y pataleé mientras él reía apoyado sobre mí-. No me hagas esto…
-Vale… -me besó dulcemente en los labios-. Cásate conmigo –me quedé helada mientras me besaba de nuevo. Lo miré fijamente y él volvió a besarme-. ¿Qué?
-¿Has… has dicho?
-Sí –dijo con una sonrisa enorme y asintiendo. Me miró fijamente de nuevo-. Cásate conmigo.
-¡Estás loco! –dije riendo e incorporándome para sentarme en el borde de la cama, mientras él seguía sonriente, tumbado de lado y observándome-. Es broma… ¿no?
Él dibujó una línea con sus labios y negó. Algo vio en mi cara que le hizo sonreír de una manera sexy, con la gloria reflejada en su rostro. Se incorporó ágilmente y abrió el cajón de la mesilla, sacando una cajita oscura de terciopelo, la cual abrió y me mostró. Me quedé congelada al ver el anillo de platino, con un diamante central y seis más pequeños alrededor formando una especie de estrella que me recordó al día que cacé un copo de nieve perfecto.
-Le pedí a Darlene que lo comprara y tu madre le acompañó. Lo vi un día paseando por Port Ángeles y creí que sería perfecto… -le miré asustada-. Si no quieres casarte ahora puedo esperar… a no ser que no quieras casarte nunca… -Jake me miraba divertido, seguramente intentando sacar algún gesto o palabra de mi boca. Pero fueron mis ojos los que comenzaron a llorar mientras le aferraba y me abrazaba a él-. ¡Eh! ¿Estás llorando? –me miró sorprendido-.
-¿Y qué quieres que haga?
-Pues… -comenzó a reír ante mi tonta pregunta-. ¡Di que sí!
Asentí mientras él limpiaba mis lágrimas y me arrancaba a besarle. Él puso el anillo en mi dedo y sonrió, volviéndome a besar de nuevo de un modo dulce. Pero algo en mí hizo que todo eso cambiara. No quería más besos tiernos ahora.
Le besé tumbándole sobre la cama mientras él me aferraba de la cintura. Mis piernas volvieron a su posición inicial, rodeando sus caderas mientras mi beso se hacía más intenso. Un escalofrío me recorrió desde la punta de mis pies a mi cabeza, haciendo que perdiera la poca cordura que me quedaba.
Rodé para ponerle sobre mí, besándolo y metiendo mis manos por su torso con la dirección concreta de desabrochar su pantalón. Él interceptó mis manos y me sonrió.
-No era por esto…
-Lo sé –él alzó las cejas-. Pero es lo que ahora quiero yo. Ya no me apetece odiarte, sólo me apetece amarte ahora.
-¿Ahora? –Me miró divertido-.
-Sí, ahora… -me incorporé y le besé-. No veo mejor momento que antes de desayunar…
-¡Ajá…! –Sus labios besaron mi cuello y sus manos recorrieron mi cintura para acabar en la punta de mis manos-. ¿Segura?
-Jake… -le miré decidida mientras él hacía un esfuerzo por tragar saliva al ver mis manos directas a su objetivo-. Hace tiempo que no tengo nada tan claro.
Él se quedó estático, posiblemente tenía más miedo que yo lo que me resultó muy tierno. Sonreí mientras él intentaba asimilar lo que acababa de decirle y aproveché para ponerme sobre él y besarle. Estuvo a punto de preguntarlo de nuevo, pero mis labios le confirmaron que seguía segura de mi decisión. Rodé para tenerlo de nuevo sobre mí, mientras su mano desabrochaba mi pantalón.
Tantas fueron las vueltas que dimos el uno sobre el otro besándonos y acariciándonos, que no me dí cuenta de cuándo mis pantalones o los suyos cayeron al suelo. Seguíamos besándonos abrazados, acariciándonos hasta que llegó un punto que incluso la ropa interior nos molestaba.
Me miró por un instante mientras besaba delicadamente mi cuello y sus manos se deshacían del sostén, dejando mis pechos a merced de sus labios. El calor que desprendía su cuerpo era mucho mayor de lo habitual, sus caricias enviaban descargas a cada centímetro de mi piel.
Besó mi cuello y acarició mi pelo, mientras su cuello quedaba a merced de mi boca. Besé su cuello mientras podía notar sus cálidas manos deshacerse de la parte inferior de mi ropa interior. Temblé ante el contacto de sus dedos.
Se tumbó sobre mí mientras yo me cercioraba de estar en igualdad de condiciones. Parecía temblar entre mis brazos mientras acariciaba la parte más baja de su espalda, notando su entrecortada respiración, como la mía, en la base de mi cuello. Besó delicadamente mi cuello y me miró fijamente, mientras sus manos recorrían cada centímetro de mi vientre y de mi torso. Besó mi frente delicadamente, volviendo a mirarme de ese modo que me hacía sentir el ser más amado del planeta. Besó la punta de mi nariz dibujando una sonrisa con esa mirada. Besé decidida sus labios mientras mis manos se aferraban a sus hombros y mis piernas acercaban sus caderas a las mías. Mi gesto fue brusco pero él lo frenó, besando mi cuello y uniendo nuestros cuerpos de la manera más delicada del mundo. Frotó su mejilla con la mía y me miró temeroso, pero mi sonrisa pícara hizo que me besara delicadamente mientras nuestras caderas comenzaban a moverse a ritmo cada vez más rápido.
Nuestras respiraciones iban acompasadas, mi boca no cesaba de repetir su nombre y la suya el mío, nuestros corazones latían frenéticos y nuestros besos recorrían nuestro rostro y nuestro cuello buscando el lugar correcto donde encajar.
Un dulce toque de su lengua en mi cuello me hizo perder el control y clavé mis dientes en su cuello, dejando que su dulce sangre invadiera mi boca y que un gemido saliera de su boca, frenando poco después el acelerado ritmo de nuestras caderas, haciéndolo lento y delicado, mientras besaba el lugar donde mi locura había hecho que mordiera.
Jake me miró y rodó, mirándome serio y quizá preocupado. Le besé y pareció relajarse, incluso juraría que dibujó una leve sonrisa en sus labios mientras temblábamos abrazados. Le besé de nuevo y la sonrisa apareció de mano de la mía, mientras volvía a besarle y me posaba sobre su pecho.
Sus manos seguían acariciando mi espalda en el momento en el que cerré los ojos y me dejé ir.
Abrí los ojos temerosa de estar sola. Miré el sol en lo alto del cielo y su corazón latió en mi oído izquierdo. Miré sin moverme, no quería que supiera que ya había despertado, me sentía extraña ahora. Él suspiró y posó su mano en mi espalda de nuevo, acariciándola levemente y besando mi pelo.
Comprobé que seguíamos en la misma posición que un par de horas antes. Miré mi mano y el anillo seguía en él. Sonreí aliviada y suspiré, no había sido un sueño.
-¡Ey! –Jake ladeó su cabeza para mirarme con una pequeña sonrisa-. Buenos días, pequeña…
-Buenos días… -alcé las cejas y apoyé mis brazos en su pecho, mientras él parecía ahora más sonriente que hace unos segundos-. ¿Pequeña?
-Pequeña… -él rodó los ojos meditando el error-. Sí.
-¿Cuándo vas a dejar de llamarme pequeña?
-Mmm...… -puso cara de concentración-. Considerando que te llamo pequeña porque siempre me ha costado controlar mis instintos contigo… -lo meditó-. Nunca.
-Pero ahora ya no tienes que controlarlos… -alcé las cejas-. Vamos a casarnos… -Su rostro se iluminó- ¿no?
-Hummm...… -me miró con el rostro colmado de felicidad-. Señora Black… suena bien… -me miró y rió ligeramente-. ¿Quieres desayunar, Señora Black?
-Bueno… y después un baño.
-Como quieras… Señora Black.
-Jake… -rodé los ojos mientras él se reía-. Vale, sólo por brevedad, prefiero pequeña.
Jake comenzó a reír y me agarró de la cintura, tumbándome sobre sus piernas y mirándome a los ojos. Me besó apasionadamente al principio, para separarse y besarme dulcemente después.
-Renesmee, Nessie, Ness, Carlie, Vanesa, Señora Black, pequeña… sea como sea que quieras que te llame, mañana mismo prometo jurarte amor eterno.
-¿Mañana? –Lo pensé, diecinueve de julio, domingo…-. Alice y Rose están en el ajo, ¿verdad? –Asintió-. ¿Sabes que van a montar la boda del siglo?
-O del milenio… -Se encogió de hombros con gesto despreocupado- pero… ¿Y qué quieres que haga?
-Que me beses…
Y con aquel beso antes del desayuno, después de entregarnos en cuerpo y alma el uno al otro y prometernos matrimonio, quedó claro que él me iba a pertenecer para siempre.
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Espero que hayais disfrutado tanto como yo lo hice la primera vez que lo lei
:D
Para consolaros en breve subire una historia que es practicamente la misma,salvo que es desde el punto de vista de Darlene...
GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS EN ESTA AVENTURA

Se abalanzó de nuevo sobre mí, rompiéndome las dos patas traseras. Reclamé a Seth viendo que no iba a tener escapatoria. Él dejó de mordisquear el cuello de un demonio moreno y salió corriendo en mi dirección. Intenté arrastrarme pero él atacó. Le di un zarpazo pero volvió a arremeter contra mí. Seth llegó en ese instante que notaba cómo algo en mi pecho ardía.
-No dejéis que escape, debéis acabar con él entre todos, es más listo y rápido que antes. Llama al resto, voy a salir de fase…
-¡Jake! –Se acercó a ayudarme-. ¡Vamos!
-¡Lobo estúpido! Márchate a por él, yo voy a salir de fase para que el Doctor Colmillos lo tenga más fácil…
Seth me miró con sufrimiento y salí de fase viendo cómo cumplía mi orden. Podía notar cómo el veneno se extendía y me ardía todo. Posiblemente acababa de dar mi última orden. Necesitaba verla, quería verla a ella antes de irme, al menos eso…
Su olor se acercó a mí, pero mis pulmones estaban llenos de ese veneno que me hacía imposible respirar más profundamente. Pude notar cómo saltaba sobre mí y se arrodillaba frente a mí. Sus manos recorrían mi rostro haciéndome recordar cuanto la amaba y quería decírselo, pero me costaba incluso respirar. Busqué sus manos para besarlas, pero no me dejó hacerlo besando ella la mía. Intenté mostrarle mi mejor sonrisa, no quería verla sufrir como lo estaba haciendo ahora. El dolor se hizo más intenso y me abracé el pecho. Ella me tumbó boca arriba, asustándose al ver la herida. Seguramente no tendría muy buena pinta.
El Doctor Colmillos apareció de la nada, poniendo una mano en mi cuello que me dejó sin respiración y me hizo comenzar a marearme.
-La ponzoña, es letal para ellos. No puedo pararla… -Miró a Nessie con pánico -. Creo que yo le infectaría más…
Nessie me miró y cogió mi rostro, mostrándome una falsa sonrisa que odié por no dejarme ver una verdadera. Me besó de un modo que me hizo sentir el más profundo amor que había sentido en mi vida, más amor incluso que aquellos besos que me había dado la noche anterior. Pude notar después sus labios en mi costado, se notaban frescos en comparación con el quemazón que me había producido el inútil del chupa-sangre. Ella se retiró al momento con un tono blanco en la piel, parecía estar enferma pero algo cambió su mirada y volvió a posar sus labios en aquella quemazón que parecía desaparecer. Pude notar alivio en vez de esa tortuosa sensación de quemazón.
El Doctor Colmillos saltó sobre mi cuerpo saliendo disparado mientras algunos estúpidos lobos obviaban la orden que le había dado a Seth de dar caza a ese mal nacido. Comencé a sentirme más débil de lo que creía dejándome oír como último sonido un gruñido de mi querido cuñadito. De pronto pude verla mirarme, su rostro mostraba dolor al mirarme. La ira se llevó el dolor y salió corriendo. Me giré para verla pero algo extraño ocurrió.
Podía verla correr mientras mi cuerpo miraba en la dirección contraria. Miré a mi alrededor y pude ver a los chicos, pero no como lobos, si no como los jóvenes que habían crecido conmigo. Me acerqué a Paul que parecía furioso pero obviaba mi mirada. Estaba claro que no me veían. Todos salieron corriendo hacia la dirección que había salido mi pequeña, acudí y pude verla hacerse llama. Algo me llamó hasta mi cuerpo, Carlisle me atraía como un imán de vuelta a él.
Seth apareció por allí y me llevaron a mi casa. El Doctor Colmillos intentaba hacer latir mi corazón con más fuerza, me fijé en la pantalla que marcaba doce latidos por minuto. Seth estaba por allí revoloteando demasiado alterado, Leah se unió a él y lo sacó de casa, tendría que agradecérselo algún día. La pantalla ahora marcaba ocho latidos por minuto y Carlisle se desesperaba, estaba realmente preocupado. Me tumbé sobre mi cuerpo intentando unirme a él. Moví mi brazo pero no se levantó, ni siquiera el esfuerzo se reflejó en todos aquellos estúpidos monitores que me rodeaban.
Me sentía incompleto, me faltaba algo y tenía claro qué era. Salí ayudado por la brisa por la ventana, entrando al bosque pero el viento me forzaba a ir a la playa sin que pudiera oponerme a ello. Pude verme caer por el acantilado como tantas otras veces había hecho, pero un golpe de aire me metió por una grieta apenas visible en el acantilado. Aquella cueva tenía una luz especial, la luz entraba por una rendija estrecha por la que yo había entrado y se reflejaba en los acúmulos de sal de las paredes. Pronto me vi rodeado por formas extrañas que parecían humanas, pero a la vez traslúcidas, dejando pasar los destellos reflejados por la sal a través de sus formas.
Me quedé estático al reconocer a varias figuras allí presentes. Me costó creer que una de esas formas de aspecto joven y fuerte fuera mi padre, pero algo en su traslúcido rostro me indicó que estaba ante él. A su lado pude reconocer al mismísimo Ephraim Black. Varias posiciones a la derecha una forma mayor que las demás, más robusta y solemne, me daba la bienvenida con un saludo que apenas había visto un par de veces realizar a Sam en el templo.
-Joven Jacob Black. Bienvenido al mundo de los espíritus guerreros –le miré confundido, posiblemente embargado por la incredulidad. Una pícara sonrisa se dibujó en su rostro-. Todos los aquí presentes hemos pasado una prueba que tú debes superar como alfa de tu manada. Una vez que tu espíritu guerrero a abandonado tu cuerpo debes encargarte de elegir a alguien que te sustituya, alguien que sea el nuevo alfa y alguien que se encargue de esperar a la siguiente generación de guerreros. Debes demostrarnos a todos que tu manada es fiel y obediente a su alfa, que te respetan y que te has hecho digno de una vida mejor que la de vagar por la eternidad.
-Ya… -le miré boquiabierto mientras mi padre me miraba serio-. La ponzoña tiene efectos alucinógenos, ¿no?
-No joven Black. La ponzoña ha matado a tu cuerpo, pero no a tu alma. Ahora debes demostrar si eres digno de poder tomar otros cuerpos y otras formas, como nosotros podemos hacer, o si simplemente debes vagar como alma en pena como el propio Utlapa. Las decisiones que has tomado como alfa a veces no han sido beneficiosas para la tribu, si no más egoístas que otra cosa. Ephraim nos demostró que los Cullen son dignos de merecer nuestra benevolencia, pero tú, joven Jacob, modificaste el tratado por razones que podemos comprender todos los presentes. Ahora bien, muchas de esas decisiones fueron en contra de la propia manada, creando una escisión nunca vista antes en la historia de nuestra tribu.
-Pero eso… está solucionado. Ella nunca ha sido un peligro para la manada.
-¿Nunca? –El espectro me traspasó dejándome ver aquella vez en la que casi me ataca-. ¿Osas mentir al propio Taha Aki?
-No… no me atrevería a tal cosa. Pero eso no lo veo como un ataque directo a la manada, nada pasó, fue un incidente que no tuvo la menor importancia.
-¡Uno de tus propios hermanos salió herido!
-Seth es demasiado impetuoso… -rodé los ojos-. Al igual que Leah –miré hacia el espíritu que torcía el rostro, bien parecido al del viejo Harry-. Sin ofender…
-No ha sido la única vez que a hecho mención de ataque a la manada.
-Pero siempre ha sabido controlarse. Siempre a amado a todos y cada uno de los miembros que la componen, sean metamorfos o no. Ama a muchos de los integrantes de la tribu. No es como vosotros creéis, no tenéis ni idea de cómo es.
-¡Jacob! –Mi padre me miró furioso-. Sabemos todos y cada uno de los pasos que ha dado. Por eso estás aquí y no vagando como un espíritu. Ella ha luchado por vosotros, podía haberos abandonado cuando supo que la venganza de Adam y de los Vulturis iba en contra vuestra únicamente. Por eso estás aquí, porque no te equivocaste del todo, porque yo reclamé hace años un voto de confianza hacia ti y hacia ella, hacia vuestro amor. No oses retar a los ancestros, ellos tienen ojos y oídos en todas partes, así que muestra un respeto, hijo.
-Billy… -Taha Aki levantó la mano para silenciarlo-. Como tu padre bien ha explicado tuvimos opción hace años de que Sam entrara en batalla, pero comprendimos que un enfrentamiento entre hermanos no conduciría a ninguna parte. Supiste manejar la reconciliación de las dos partes, supiste también guiarlos para poder envejecer junto a sus esposas y llamarlos de vuelta cuando la tribu les necesitó. Ahora debes hacer tu elección, debes condenar a dos personas a que no puedan envejecer, a que cuiden de la tribu, uno como alfa y otro como guía para la siguiente generación. Debes volver y reunirlos en el bosque para darles a conocer tu decisión.
-¿Cómo, si no pueden verme?
-Te verán ahora, será como si tu propio cuerpo estuviera frente a ellos.
-¿Y después?
-Después deberás indicarles que te lleven al templo. Todos deben ir vestidos de blanco, deben dejar tu cuerpo en el altar y la brújula de los Quileute les indicará el camino a seguir posada en tu pecho. Allí deberán dejar tu cuerpo. Ve en paz y vuelve del mismo modo, joven Black.
Una extraña corriente me sacó por el mismo sitio por el que había entrado, llevándome a pleno bosque donde me topé con Sam. Me miró extrañado.
-¿Eres tú?
-Sí, soy yo. Entra en fase y haz llamar a todos aquí. Tengo algo que comunicaros.
-Ya estoy en fase… pero así lo haré… -un aullido resonó en el bosque-. Vienen de camino, están entrando en fase.
-Esperaremos.
El tiempo pasó y todos acudieron veloces. Pude distinguir a Seth venir veloz hacia la posición que quedaba libre. Cuando se posicionó, todos se arrodillaron y posaron sus brazos y cabezas en el suelo. Una brisa me elevó, me mostró las imágenes y sensaciones de mis hermanos pudiendo percibir su olor y su imagen en la mente de todos los presentes. Seth se hizo a un lado esperando que ella se acercara, pero yo sólo podía verla a ojos del resto.
-Me han hecho venir para comunicaros quién será mi sucesor.
-Sam… -Leah rodó los ojos. Un movimiento de Ness en sus mentes me distrajo-.
-Seth no debería estar aquí, lo sabes. Solo vas a hacer que sufra más, sé que tu intención era que yo la viera, pero sólo puedo veros a vosotros y por vuestras posiciones, ni siquiera puedo ver que estáis en fase…
-Pero tú… estás como si estuvieras aquí realmente, eres tú… -Seth imploraba-.
-Lo sé, me lo dijeron…
-En serio… ¿en serio pretendes que crea que los ancestros te han pedido que regreses para eso? –Leah bufó-. Podríamos haberlo solucionado entre nosotros… sabemos que Sam…
-¿Es que nunca vas a dejar de hablar? –Su ímpetu me hizo reír-. ¿Ni aún con tu hermano muerto intentando comunicaros algo más importante de lo que creéis?
-No le veo la gracia –Quil estaba furioso-. Si puedes manifestarte así, puedes volver a tu maldito cuerpo…
-No veo la razón de que ahora quieras irte –Embry tenía tono de reproche-. Siempre hemos sabido que odiabas ser el alfa, pero no hace falta que regreses como tal, simplemente regresa.
-¿Acaso no has pesado en tus hermanas? ¿En tus sobrinos? –Paul la miró de lleno a ella-. ¿En la propia Nessie que tiene que sostenerse sobre Seth?
-Rebeca quiere que estés ahí cuando nazca Hilda, ya ha perdido a vuestro padre y a vuestra madre… –Embry seguía con el mismo tono mientras pude ver a Taha Aki traspasarme y mostrarme a Kim embarazada al nacimiento de mi sobrina- ¿ahora tú?

-Hilda tendrá amigos de su edad…
-¿Es eso? –Jared parecía frustrado-.
-Jared… -Suspiré mientras Taha Aki me mostraba el nuevo nombre del futuro miembro de la manada-. Deberá llamarse Jonás. Pero aparte de eso, los ancestros no pueden pedirte nada más… -Comenzaba a molestarme que esa presencia pasara a través de mí como si no doliera- sin embargo hay alguien que debe dar parte de su vida hasta que la manada vuelva a formarse, ésa es la razón por la que me han permitido volver…
Pude verlo antes de que sucediera, en su mente se trazaba el plan. Cuando intenté detenerle Seth cargaba con ella y se alejaba a toda velocidad. Mis reflejos habían disminuido, estaba claro.
-¡Genial! –Bufé mientras Taha Aki me mostraba que me esperarían en el acantilado-. ¿Por qué los Clearwater sois siempre los que hacéis estas cosas…?
-¡Eh!
-¡Cállate Leah! Me juego mucho más de lo que creéis aquí, y no solo me lo juego yo, vosotros y toda la tribu. Seguro que voy a tener que dar explicaciones por todo esto a Taha Aki, se ha ido muy cabreado, es una deshonra para ellos y para mí que Seth haya abandonado así su posición.
-Sólo quiere salvarte, nada más.
-Lo sé Leah, igual que tú solo quieres protegerle… -Suspiré-. Sam, no puedo obligarte a seguir cargando con la responsabilidad, iba a elegir a Seth ya que el resto si no hubiera sido por la batalla estaríais envejeciendo. Leah tú serás la responsable de adiestrar a la nueva generación de metamorfos, estarás allí cuando entren en fase, no quieren que vuelva a pasar lo que pasó con Sam. Eso implica que tendrás que ser cambiante hasta que haya un nuevo alfa, al igual que Seth… si es que se lo permiten. Si algo sale mal, Sam deberás adiestrar a Quil para que haga las funciones de alfa antes de salir…
-No quiero esa responsabilidad –Quil negaba-. No me pertenece.
-¿Acaso queréis condenarme? ¿Desde cuando las órdenes de un alfa son ignoradas?
-¿Desde cuando un alfa abandona a sus hermanos? –Embry parecía furioso-.
-No os abandonaré, si me ayudáis a esto podré convertirme en cualquier animal que yo quiera, pero debéis demostrar lo que me habéis demostrado durante años… no quiero irme, por eso os pido esto…
Seth apareció por allí dando saltos, contento y feliz pensando en que su plan era genial y que así me haría volver a mi cuerpo. Taha Aki se presentó ante ellos, pude ver que ahora sí que era visible para ellos, pude verlo a través de sus ojos como una forma muchísimo más grande e imponente que yo.
-Seth Clearwater. No eres digno de tu naturaleza, no demuestras respeto alguno por él al hacer lo que acabas de hacer. Ella no puede hacer nada, él se irá con la luz del sol. Tal deshonra merece un castigo.
-Taha Aki… -le miré con miedo casi-. Seth sólo quiere que vuelva, no veo ninguna falta de respeto.
-Debe respetar tus órdenes.
-Mis órdenes también fueron claras hace años. Cuando sólo Leah y él estaban en la manada les obligué a proteger a Nessie si algo me pasaba. Él solo cumple una orden contradictoria que cree que me beneficiará más. Intenta hacer que vuelva para que ella sea feliz, nada más.
-Tú mismo dijiste que era impetuoso.
-Y lo es, al igual que su hermana, pero son mis elegidos. Ése mismo ímpetu nos ha salvado en más de una ocasión, es algo que admiro en ellos y que me hace sentir orgulloso de ellos. Todos tenemos la posibilidad de cambiar por algo, las mismas historias nos lo dicen. Todos los presentes somos puros y nobles de corazón, todos son dignos de cualquiera de los dos puestos, pero Quil no se siente seguro para asumir la responsabilidad. Sé que el chico lo hará bien.
-Sam… -Taha Aki le miró y el interpelado agachó la cabeza-. Serás el encargado de adiestrar a Seth en su nueva aventura. Si algo sale mal, el propio Jacob Black pagará las consecuencias, dado que es su decisión, al igual que vosotros dos por no cumplir sus órdenes. Leah, irás al templo con tus hermanos, pero esperarás en la puerta del mismo. Nunca en toda la historia de los Quileute ha habido un caso como el tuyo, siento decirte que sería una deshonra para muchos de los guerreros que una mujer pisara el templo.
-¿Qué? –Le miré sorprendido pero algo en su mirada me hizo callar-. Perdón.
-Si cumple esa norma, yo mismo me enfrentaré a los que no quieran dejarte paso a la siguiente vida. A mi parecer has demostrado ser merecedora de pertenecer a los espíritus guerreros, pero otros hermanos están consternados por el hecho de que no seas varón. No puedo enfrentarme a todos ellos y esa será tu prueba ante mí.
-Sí, Taha Aki.
-Ahora debéis marchar en paz a recoger el cuerpo de vuestro hermano y llevarlo al templo –pude ver que les explicaba la situación pasando a través de ellos-. Así será, así debe ser.
El viento se lo llevó y me arrastró con él, soltándome ahora en un cielo que oscurecía por momentos, pudiendo localizar mi casa en un instante. No podía verla, pero la sentía a mi costado, entre mis brazos. Noté algo frío rozarme y llevarse esa presencia que notaba a mi lado. Me dejé llevar por la brisa hasta el acantilado, donde Taha Aki me esperaba.
-Vuelve allí. He podido ver cual es tu intención y tu petición me parece razonable. Tienes hasta que el amanecer para poder verla.
Me dejé llevar de nuevo por el viento y volví a aquella casa, viéndola en la cocina con una verónica en la mano. Acaricié la verónica y pude sentirla girar en mi mano, el calor de Nessie… Intenté acariciarla pero parecía no notarlo. Suspiré y la flor rozó su mano, algo que pareció llamar su atención. Posé mi mano sobre la flor mientras ella la paseaba con gracia por su brazo, pudiendo sentir su tacto a través de la flor. Los chicos aparecieron y pude ver que Edward entraba hacia mi cuarto, todo se volvió caótico y muy rápido, hasta que la sentí de nuevo a mi lado. Podía verla tumbada al lado de mi cuerpo, sentía su calor en mi costado pero ella no sentía mis roces. Podía verla hablar alguna vez entre lágrimas, intentando leer sus labios para entender qué me contaba. Incluso una vez la pude ver sonreír.

El viento me guiaba ahora fuera de la casa, donde los chicos aparecieron vestidos tal y como Taha Aki quería. Les seguí a través del camino pudiendo ver a mi pequeña rota de dolor aferrada a la mano de Leah. Empezaban a acumularse las razones por las que dar las gracias a Leah…
Mi cuerpo fue colocado y pude ver que las chicas esperaban al pie del templo. Leah habló con rostro torturado, llamando la atención de mi pequeña en un intento por consolarla. Pero algo de lo que dijo no le gustó, el rostro de mi pequeña se llenó de furia y entró en el templo mientras todos intentaban evitarlo. Pero agradecí esa sensación de sus labios sobre los míos, aquellas palabras que escuché con la brisa a excepción de las últimas. No podía decir en serio eso…
Taha Aki apareció allí cabreado, muy cabreado. Muchos de los guerreros se pusieron rodeando el templo como si fueran a quemarlo. Sentí que me estaba acojonando.
La tierra tembló una vez, mientras mis amigos salían de allí y el techo se derrumbaba, para luego con otro temblor agrietarse la tierra y hacerme caer en cuerpo y alma por aquella succión que provocaba la tierra.
Ahora si que estaba acojonado. ¿Habían podido huir? ¿Por qué estaba yo solo aquí? Mi cuerpo yacía en la tablilla como si no hubiera caído desde al menos medio kilómetro de altura. Una risa estalló al fondo del pasillo.
-Sois muy divertidos, en serio… tu padre tenía toda la razón. Sois nobles, pero siempre acabáis haciendo las cosas del modo más complicado –su carcajada resonaba en aquel túnel-. ¿Sabes cuántas posibilidades había de que el templo se desplomara?
-¿Muchas?
-¡Sí! –Taha Aki seguía riendo de un modo que parecía estar loco, comencé a pensar que estaba loco o poseído por Utlapa-. ¿En serio piensas eso? –El hombrecillo siguió carcajeándose-. En serio, tu padre tenía razón, sois los mejores… nunca antes habían pensado eso. Creían que esto era algo como el infierno, pero tú ni siquiera te lo has planteado…
-Cualquier cosa puedo creer ya…
-Ya veo… -el hombre cesaba su risa-. ¡Ay! Te concedo el don del guerrero. Has demostrado que los tuyos te aprecian, incluso has sabido unir a dos enemigos naturales como los fríos y nosotros… El amor que sienten hacia ti es inmenso, pero tu amor por la pequeña fría debe terminar. He ordenado a Ephraim que obligue a Sam a echarlos, habiendo comprobado que Seth no sería capaz de hacerlo.
-¿Qué?
-No podrán volver a pisar tierras Quileute –su tono ahora no era chistoso-. Fue un error, tu fijación por la humana se volvió tal que al no ser correspondido se tradujo en una imprimación errónea sobre su descendencia. He pedido a los dioses que sean bondadosos y te liberarán de la carga que conlleva la imprimación, serás un espíritu libre ahora. Ve en paz.
-No… no es cierto.
-Cuando puedas entender que la magia que existía sobre vosotros ya no existe, serás capaz de encontrar el camino a la luz. Buen viaje, espíritu guerrero.
Aquella imagen se evaporó, dejándome sumido en la oscuridad y en el dolor de la pérdida que conllevaba el estar aquí. Debía encontrar la manera de volver, de hacerla sentir querida, de convencer a los chicos para que la protegieran y la consolaran.
No sé cuanto tiempo pasó, la noche, el día, las horas no eran algo que controlara bajo medio kilómetro de tierra y en forma de un ente extraño, mientras veía a mi cuerpo inmóvil y sin vida, pero sin cambiar un ápice la forma que tenía.
En un momento de desesperación algo en mí estalló, dejando que el ente que era ahora saliera despedido provocando un agujero enorme en lo que antes era el templo. Me sentía libre por fin.
Vagué hasta encontrar un lugar que me resultara familiar y lo encontré. Los chicos trabajaban en el taller con caras largas, Seth parecía molesto, Quil desesperado en lo que antes era mi despacho y Embry rumiaba un bocadillo que nunca le hubiera durado tanto…
Me sentí culpable por verlos así. Entré en mi despacho y removí los papeles que había frente a Quil, el cual arrugó su frente y cerró la puerta. Tiré el marco de fotos y volví a revolver los papeles mientras mi ente se llenaba de una estúpida alegría. Quil colocó de nuevo los papeles y levantó el marco. Una foto de familia, todos los chicos y chicas en la playa. Sólo faltábamos Nessie y yo.
Quil se sentó y soplé en su nariz, haciendo que se la rascara compulsivamente. Comencé a reír y salí tras él hacia la estancia principal del taller. Embry y Seth le miraron extrañados. Soplé en la nariz de Embry que se rascó y estornudó, mientras volvía a hacer lo mismo con Seth. Parecían bobos los tres mirándose extrañados y rascándose la nariz. Estallé en carcajadas ante la panorámica y ellos actuaron del mismo modo. Me sentí mejor al verles sonreír.
Paul apareció con Jared por allí, enseñando las fotos de lo que parecían ecografías. Embry sacó las suyas y compararon el tamaño de Hilda y Jonás. Paul recibió una llamada y se disculpó, saliendo corriendo hacia su coche. Le seguí, seguro que iba a ver a mi hermana.
Cuando salió de casa corriendo a abrazarle, llorando, algo se retorció dentro de mi ente. Les seguí comprobando que los niños estaban bien, había imaginado que algo les había pasado a mis sobrinos, pero ellos estaban bien. Mi hermana no paraba de llorar, me preocupé hasta que en la pequeña televisión pude ver que empezaban las noticias mostrando la fecha. Mi cumpleaños. Rondé por allí viendo cómo Rachel se esmeraba para preparar lo que parecía una cena. Rebeca y Emily aparecieron seguidas de Kim y Claire.
Estuvieron comparando de nuevo las ecografías de los niños mientras preparaban la cena. Los chicos llegaron al instante, o lo que a mi me pareció un instante… el tiempo empezaba a ser demasiado relativo. La cena pasó rápido e incluso sacaron una tarta llena de velas con una foto mía y de Nessie. Recordaba esa foto, calcada al cuadro que tenía en mi cuarto. Soplé para apagar las velas y todos se quedaron paralizados. Una de las velas se quedó encendida y soplé levemente para que volvieran a encenderse todas. Soplé en las narices de los chicos, que se rascaron a la vez y acabaron estornudando al unísono. Se quedaron serios y estáticos por un momento hasta que Ephraim y Claire estallaron en risas, algo que me agradó… Todos les siguieron.
Todos se marcharon y la noche pasó tranquila en la casa. En la mañana Rebeca apareció llorando por allí, mientras Rachel la abrazaba y la sentaba en el sillón.
-Reich… no sé porqué lo he hecho, pero he ido a su casa y he encontrado esto… estaba en el armario de Nessie, he pensado en devolvérsela, pero he ido a revelar las fotos antes y… -estalló en lágrimas-.
-Vamos… -Reich la ayudó a sacar el sobre del bolso-. A ver…
Y allí estaban las fotos de mi casa, las fotos que teníamos posando en el balcón, sonriendo en la habitación, regalándonos besos en la mejilla… y la foto que le hice antes de subir a la moto, con el mono, el casco y el vestido y una cara de odio hacia mí… Comencé a reír mientras me sentaba en el brazo del sofá y la foto voló al suelo. Wendy correteó hasta allí tambaleándose y la cogió. Juraría que me miraba, que me veía cuando sonrió y la dejó sobre el brazo del sofá. Me levanté y la foto cayó de nuevo mientras mi pequeña sobrina palmeaba y reía.
La observé marcharse andando con sus pañales, que hacían que su caminar fuera el más gracioso del mundo después del de mi pequeña. No pude soportarlo más y me marché a la playa. Perdí la cuenta de las puestas de sol que conté, de los turistas que paseaban por allí… simplemente permanecí en el borde del acantilado esperando a que un milagro me la devolviera.
Aunque Taha Aki dijera que estaba libre de la imprimación, no podía estarlo de su amor. La había visto crecer, odiarme, amarme… llorar y reír, cantar y bailar… le había visto en buenos y malos momentos. Y aun de todas las maneras que pudiera imaginarla, por muy mala situación en la que pudiera estar… seguía viendo preciosa a mi pequeña.
Los cielos se tornaron grises y la tierra tembló ligeramente. Conté tres puestas de sol más cuando la tierra tembló de nuevo de un modo mayor. Pude ver a Taha Aki enfurecido bajar al acantilado traspasándome y llamándome a la gruta.
-¡Tu manada! –Me señaló como a un pecador-. ¡Es una manada de locos! Todos han dejado su puesto. ¿Quién va a proteger ahora a la tribu? ¡Debes obligarles a volver!
-No puedo… no van a verme…
-¡Yo haré que te vean!
-No quiero… es su decisión. Son libres de aceptar las ventajas e inconvenientes de esta vida, y libres de dejarla cuando no hay amenaza. Si bien he podido comprobar que los Cullen no han regresado, no veo el peligro en que esta generación descanse y pueda llevar una vida relativamente normal.
-¡Son tan testarudos por tu culpa! ¿Acaso crees que una fría va a seguir llorando por la pérdida de un Quileute? No sólo los apodamos fríos por su temperatura… su corazón está igual de helado que su piel.
-No… -me miró y me mostró que debía dejar de sufrir por ella, que ya no era mi imprimación-. Da igual que eso sea verdad, no la amo sólo por un tonto hechizo. He criado a esa niña, la he visto crecer y sé que la amo por encima de todo.
-¿Por encima incluso de la manada o de la tribu?
-Yo… -me quedé estático-. Amo a mi manada y amo a la tribu. Pero si ella fuera una mortal y me lo hubiera pedido… hubiera dejado todo por ella –hubo un revuelo entre los entes-. Preferiría un solo día más con ella que toda la vida que me ofrecéis sin poder verla de nuevo y con ella lejos de este, su hogar… -el revuelo se hizo más palpable-. Construí una casa para mi vida con ella, así que su hogar está aquí también, al igual que el mío… y creo que no soy el único que haría lo mismo por ella o por alguien por el que se sintiera de la misma forma que lo hago yo.
-¿Estás rechazando los dones que te conceden tus ancestros?
-Taha Aki… -miré a mi padre con gesto de disculpa, recibiendo una aprobación por su parte-. Rechazo todo aquello que no la permita ser feliz, ni a ella ni a mi familia. He podido ver el dolor que ha supuesto mi pérdida para mi familia, para mi manada. Pero mi dolor se hace más intenso al no poder comprobar el estado de mi pequeña. Así que si han dejado la manada por la razón que imagino, por protegerla y apoyarla, no pienso convencerles de que vuelvan… ésa es mi decisión. Y si estoy condenado a la oscuridad por la eternidad no me importa, sabiendo que ellos están siendo libres y la apoyan.
-Debes retirarte. El consejo te hará llamar cuando tome una decisión sobre tu castigo –mi padre cerró los ojos con gesto de frustración mientras yo alzaba la cabeza-. Puedes marchar.
-Esperaré la resolución con impaciencia.
Salí de aquella gruta y vagué por la costa, llegando a aquella playa en la que me besó, en la que me bañé con ella y pude experimentar su alegría al besarme. Conté setenta y siete puestas de sol.
El sol salía brillante, pero las nubes comenzaban a taparlo cuando contaba con un pulgar de altura. La lluvia no tardó cuando algo me impulsaba hacia el bosque. Una fuerza extraña me llevó a aquel agujero que ahora tragaba agua y lodo. El consejo estaba reunido y parecía haber un amplio espacio para que yo esperase y escuchara mi condena eterna.
Nadie dijo nada, parecían esperar algo más. Mi sorpresa fue tremenda cuando Sam apareció por allí a cuatro patas. Seguramente estaba en fase, pero verle a cuatro patas fue algo que me hizo reír.
-¿Cómo vienes así?
-¿Qué haces aquí? ¿Tú nos has hecho volver a entrar en fase por medio de Taha Aki?
-No… creo que lo ha hecho el solito… me negué en rotundo cuando me dijo que debía obligaros, no quería, yo mismo os di la opción de abandonar esta vida. ¿La has visto?
-Sí… -un flash de recuerdos de Sam me la mostraron y algo me dolió en el cuerpo etéreo que ahora era-. Lamento haber tardado tanto en darme cuenta de cual era el camino a seguir… elegiste bien a Seth, fue el primero que entendió qué debía hacer. Aunque ahora recibamos un castigo, me siento orgulloso de haber hecho ese viaje y abandonar estas ataduras.
Los chicos fueron llegando mientras Sam les mostraba lo ocurrido hasta el momento. Sólo faltaba Seth, que apareció en la mente de los chicos con aire más que cabreado mostrándoles lo que había dejado en Monroe. Me enfurecí al ver su última imagen.
-Dile que lamento que haya tenido que dejarla hoy –Sam asintió-, debería estar ahora en el baile con Darlene, no aquí…
Dicho esto nos pusimos en posición, todos formando una pirámide conmigo a la cabeza y con un espacio a mi derecha reservado para el joven Seth, que apareció jadeando y maldiciendo.
-No es que no me alegre de verte, Jake… ¿pero qué demonios está pasando?
-Ni yo lo sé, al parecer van a condenarme o algo por el estilo por ser un mal alfa… creo que mi papel ha sido perjudicial para la tribu y quieren que veáis el castigo que me imponen… -miré a Taha Aki-. ¿No es así? –Aquel ente comenzó a reír, mientras el resto de ancestros esperaban solemnes sus palabras-. Tu risa me acojona… la última vez que la oí acabé en un zulo durante…
-Meses –afirmó-. En poco te equivocas, joven Black. He convocado a todos los espíritus guerreros para mostrar algo que no había visto en décadas, algo que me parece un ejemplo para tu manada y para las futuras generaciones de guerreros.
-Entonces déjalos marchar. Ellos no deben sufrir el castigo por mi… ¿incompetencia? Sólo me limité a hacer lo correcto, lo que yo creía correcto y nunca creí que eso afectara a la tribu. Ellos sólo seguían las órdenes del alfa, así que ellos no deben ser castigados por ser obedientes y leales.
-No siempre lo han sido…
-No siempre han sido leales al tratado, en eso estoy de acuerdo. Pero siempre han sido leales a mí y a la tribu, nunca han puesto en peligro a ningún miembro de los Quileute.
-En efecto… -una risa malévola me aterrorizó de nuevo-. La lealtad de tus hermanos hacia ti merece una honra, aunque tú hayas cometido errores y hayas modificado el tratado a tu antojo. Hemos deliberado mucho sobre tu castigo, las modificaciones hechas en el tratado hicieron peligrar la vida de una humana, aunque también es cierto que ella misma tomó esa decisión...
-Le salvó la vida.
-No. En eso estás equivocado. Su alma está condenada.
-Sigo viendo en ella a la misma chica que yo conocí, algo que cualquiera puede ver. Sólo se le ha concedido la inmortalidad de maneras poco… ortodoxas.
-Eufemismos… -Taha Aki negó-. Tiene la inmortalidad a cambio de la condena.
-La condena debe ajustarse a los actos buenos y malos. Toda una vida de bondades debería redimir un mal acto. Si no fuera así, ¿dónde estaría la justicia divina?
-Justicia… -Taha Aki me hizo callar-. Ahí queríamos llegar. A eso hemos venido, a impartir justicia. Los guerreros no sólo debemos pensar en los actos que son buenos para nosotros, debemos tener en cuenta a la tribu, que podamos controlar las consecuencias de nuestros actos y además la intención. Has cometido actos demasiado arriesgados que van a ser evaluados…
-Jacob Black –uno de los entes alzó la cabeza y me miró-. Dejaste que una humana se convirtiera en un neófito, seres más impulsivos y sedientos. Además dejaste que permaneciera cercana a nuestras tierras. Fue un acto temerario, pero hemos de concederte que la intención era la de cumplir los deseos de una persona que podía considerarse parte de la tribu. Como consecuencia ella se trasformó, pero pudiste controlar sus actos y tus leales hermanos ayudaron en la transición. Supiste controlar la situación haciendo lo que tú considerabas correcto. No veo razón para condenarte por ese acto.
-Jacob Black –otro ente se dio paso dejando al otro en segundo plano-. Pusiste en riesgo a un miembro de la tribu, alguien a quien uno de tus hermanos adora. La pequeña Claire se vio en peligro cuando correteaba con la híbrida. Llevaste a la manada al extremo, estando a punto de comenzar una batalla. Tu intención era salvar a la híbrida de la furia desmedida por un acto que sólo demostró que la híbrida amaba a la pequeña Claire. Evitaste un enfrentamiento entre la manada y los fríos gracias a la capacidad que tuviste de controlarte, no entraste en fase para poder pensar fríamente, supiste alejar pronto a la pequeña del peligro y apaciguar los ánimos, dialogando y evitando una pelea en la que probablemente alguno de tus hermanos hubiera perecido. No veo razón para condenarte en ese acto. 
-Jacob Black –Taha Aki comenzó a reír y frenó en seco-. La mayor estupidez que cometiste fue al traerte a tu imprimación a la reserva a sabiendas de que se iba a convertir en un ser peligroso, por mucho que apenas fueran unas semanas. La acercaste demasiado a la manada, poniendo en peligro e incluso haciendo que uno de tus hermanos saliera herido al intentar evitar el ataque. Tu amor por ella te ha llevado a cometer semejantes estupideces como llevarla a conocer a tus sobrinos recién nacidos, sabiendo que era potencialmente peligrosa en un ambiente como un hospital, o llevarla a plena ciudad conociendo la sed que procesaba en esos momentos. Tu intención era tenerla junto a ti, la llevaste a tu casa para que no fuera presa de otros, pero también con miedo a que pudiera atacar a alguien. Estabas preparado para llevarla lejos, aunque deberías haber estado preparado incluso para matarla si atacaba a alguien. Tu intención era preservar su vida incluso antes que la tuya… razón por la que ahora estás aquí. Tu amor por la joven híbrida te ha llevado a perder tu propia vida por salvar la suya, a alejarte de todo lo que amabas por protegerla en aquellos momentos que más necesitaba de alguien que la controlara e incluso a que tus hermanos abandonaran a la tribu por estar junto a ella. Tu padre me ha mostrado como ese medio espíritu reinante en ella es más potente que cualquier espíritu entero, su magnetismo y empatía podría poner en riesgo a cualquier humano e incluso a la manada… pero también es cierto que su espíritu es noble y bondadoso, nunca ha pensado en hacer el mal a excepción de aquellos que ponían en riesgo la vida de la manada y a excepción de pensamientos furtivos en los que hubiera sido capaz de matar a veinte humanos porque tú volvieras a la vida, aún cuando tú no quisieras volver a verla. Su espíritu es tan puro como el tuyo, joven Black, así que no veo razón por la cual no quieras protegerla, entiendo y respeto tu decisión al igual que toda tu manada –Taha Aki sonrió de un modo que me hizo temer su ira-. No veo razón para condenarte por eso. Nuestra decisión sin embargo es unánime tras muchas votaciones. La manada está obligada a entrar en fase periódicamente y defender a la tribu. Siempre deberá haber al menos dos licántropos en la tribu para poder defenderla de un posible ataque y guiar a los siguientes. Sam, Paul, Jared y Embry quedáis excluidos de la obligación, sólo vosotros seréis capaces de decidir qué hacer con vuestro espíritu guerrero, que estará siempre preparado para resurgir. Leah y Seth seréis los encargados de adiestrar a las futuras generaciones y de nombrar a vuestros sucesores en la nueva manada. Ahora podéis marchar en paz, guerreros.
-Pero… -Seth miró alrededor confundido-. ¿Seguimos bajo las órdenes de no poder ver a Ness?
-No, joven Clearwater. Serás el encargado de hacer que regrese a la que, según Jacob, es su casa. Tú y tu hermana deberéis velar por la seguridad de la tribu ante su presencia y la de su familia.
-¿Y qué pasa con Jacob? –Leah se adelantó una posición, poniéndose a la par que su hermano-. ¿Quién será ahora nuestro alfa?
-El mismo Billy Black será el encargado de guiar a su hijo, pero su futuro no es algo por lo que debáis preocuparos. Vuestro alfa será enviado cuando la tormenta que ahora se cierne sobre vosotros termine. Ahora marchad en paz, guerreros.
La manada desapareció, al igual que los entes mientras mi padre y Ephraim seguían en posición solemne. Taha Aki se posicionó al lado de mi padre y me indicó que me acercara. Mi padre seguía serio y solemne sin mostrar un ápice de sentimiento en su cara. Los tres entes comenzaron a bailar en círculos alrededor de mi espectral cuerpo, la luz atenuada por las espesas nubes no me dejaba discernir si era día o noche, si amanecía o anochecía, así que no sé el tiempo que estuve allí. Cada vez me sentía más pesado y débil, momento en el cual Taha Aki comenzó a reír. Poco después Ephraim comenzó a reír también, mientras Taha Aki y él entonaban unos extraños cánticos. Comencé a notarme más pesado aún, como si algo tirase de mí hacia el agujero. Los tres comenzaron a mover el círculo hacia en agujero donde se había levantado el templo. Mi padre comenzó a reír entonces y a entonar los mismos cánticos, mientras algo en mí me decía que esto iba a doler.
-Dolerá, dolerá mucho… -dijo mi padre-. Pero sólo un alfa puede soportar ése dolor, dolor que curará el verdadero amor.
Los cánticos y las risas de los tres ancianos se hicieron cada vez más potentes, haciéndome caer finalmente hacia el agujero. Un dolor intenso se hizo patente en todo mi cuerpo, la corriente me llevaba a través de un agujero oscuro, oyendo chasquidos que me recordaban a los de los huesos romperse, acompañando de unos alaridos provenientes de mi ente y el dolor que sentía era real, como el que había sentido cuando mis huesos se habían roto en algunas ocasiones.
El dolor era cada vez más intenso, hasta que en mi mente aparecieron imágenes que nunca había visto, una boda, ella preciosa con un vestido blanco, recuerdos de cuando era niña, de cuando fuimos a la bolera. Aquellas canciones que no paraba de escuchar cuando se marchó después de verano. Intenté recordar alguna de ellas y sólo venía a mi mente una, “Love is real” de Jason Mraz mientras en mi mente vagaban miles y miles de recuerdos.
Me estanqué en una de las rocas, pudiendo ver a la gente saltar por una de las grietas que daban a la superficie y dejaban pasar el agua y la poca luz del día. Pudieron pasar dos días mientras seguía allí estancado en esa roca, intentando subir como ya lo había hecho a la superficie, pero sin conseguir otra cosa que sentir el dolor desgarrándome a cada corriente que me hacía chocar contra los salientes salinos.
Imágenes volvían a mi mente como si una presa hubiera estallado dejándome ver todas aquellas imágenes que unas lucían como sueños y otras como recuerdos. Una corriente enorme me sumergió en el agua y me arrastró gruta abajo, luché por salir a la superficie y me aferré a un saliente.
No podía creer lo que veía. Mi cuerpo respondía, no era ya un ente. Mi cuerpo tenía magulladuras y rasguños que dolían y escocían con el agua salada. Mi costado sangraba ligeramente, encontrando una cicatriz en forma de mordisco que me quemaba ligeramente al contacto con el agua que bajaba llena de lodo y sal.
Me aferré a ese saliente y me subí a él, gritando al darme cuenta que me había desgarrado en el muslo con el propio saliente. Miré la herida que pronto comenzó a cicatrizar. Mi pierna tenía una curva que sólo una vez había tenido, al igual que mi brazo. Recordé aquella vez que el Doctor Colmillos tuvo que romperme los huesos para que soldaran bien… seguro que se refería a esto cuando pensaba en que soldaran distinto a lo normal…
-¡Genial! –Mascullé hacia la nada-. ¿Y ahora qué?
Estaba… no sabía donde estaba. Aquello estaba oscuro y la única posibilidad era seguir la corriente, algo que no me agradaba ya que seguro sufriría miles de golpes más contra las rocas salinas y el agua con lodo no me iba a ayudar a que dolieran menos. Gruñí y lo pensé, no había otra manera.
Suspiré y esperé a que la herida del muslo cicatrizara para lanzarme de nuevo al agua. Esta era mi segunda oportunidad y no debía desperdiciarla. Metí la mano en el agua y noté que el agua era ahora más cálida que antes y bajaba con menos fuerza. La tormenta iba a desaparecer y debía salir antes de que cesara o no saldría nunca.
Me tiré al agua y comencé a notar los golpes, desechando esos pensamientos y fijando solo una imagen en mi mente, su imagen, mi pequeña.
No sé cuanto tiempo pasó, pero el agua comenzaba a sonar de un modo extraño, como cuando caía desde los tejados. Intenté incorporarme y pude ver la luz… y el saliente que golpeó mi cabeza. Lo último que recuerdo fue la sensación de caer.
-¡Jake! –unos pasos torpes se acercaban-. ¿Es él?
-No puede ser… -otros pasos más pesados y su voz de resaca eran inconfundibles-. ¿Respira?
-¡Sí! –La voz de la chica me calmó-. ¡Respira!
-¡Es imposible…! ¿Cómo puede respirar? Es…
-¡Llama a Nessie! ¡Y a Carlisle!
-¡No! –Chillé, o al menos lo intenté-. Al Doctor Colmillos no…
-Tarde Jake… -una mano ligeramente fría me colocó la cabeza en algo blandito-. Seth ya ha entrado en fase, ella estará aquí en diez minutos… espero que Carlisle llegue antes.
-¿Quieres torturarme? ¿Tan mal te caigo?
-Hombre… -abrí los ojos para ver a Darlene meditarlo sonriente-. Me fastidiaste el baile, tuve que traer a mi mejor amiga llorando desde Monroe y no ha salido de la cama casi en un mes… desde que Seth le contó lo que pasó… Y ahora apareces… -su cara parecía estar viendo algo desastroso- así.
-¿Tan mal estoy?
-No sé como estoy aguantando verte… -su mueca era casi de pánico-. Espero que Carlisle sea más rápido que Ness.
-No dejes que me vea…
-Ya, como si fuera tan fácil… sabes que me tirará sólo con un dedo…
-Llama a Bella y a Edward… ¿Están con ella? –Asintió-. Bien… no la dejarán venir si se lo pedimos… llámalos…
La chica sacó el móvil y comenzó a hablar en menos de dos segundos. Explicó que ella no debería verme así, ya que parecía un muñeco de plastilina tras haber pasado por las manos de Claire… palabras textuales. Decidí entonces que sería mejor no levantar la cabeza y que el Doctor Colmillos trajera con él más morfina de la habitual… esta “reparación” iba a doler…
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Hola a todos los que nos seguis :D
Solo quiero deciros que este es el penultimo capitulo
de Cielo Estrellado :D
Esta noche estad atentos/as pues subire el ultimo
junto algunas sorpresas :D tanto para vosotros
como para Silvia (autora del Fic)
Os espero esta nocheee :D